Exclusivo
ROSA IVETH MONTEZUMA

Presencia de Panamá en el mundo

Este pequeño país nuestro constantemente presenta panameños y panameñas con talentos de categoría mundial. En los deportes nos destacamos en la hípica, boxeo, béisbol, fútbol, gimnasia, artes marciales, en salto y otras disciplinas. En el arte y la música, y en la ciencia, lo mismo. Como tuitero, cada vez que se destaca un panameño o panameña lo he mencionado con una exclamación al final: ¡orgullo patrio! No son meras palabras. Es que lo siento. Vibra en mí un orgullo que siento desde la cabeza hasta la raíz profundamente enterrada en mi privilegiada tierra.

Hoy me quiero referir a una panameña muy especial; me refiero a Rosa Iveth Montezuma, quien ganó –a pesar de todos los obstáculos– el título de Miss Panamá para Miss Universo, y en corto tiempo ha adquirido una presencia nacional e internacional. No acostumbro dedicar mucho tiempo a los concursos de belleza, pero el caso de Rosa Iveth es único. No solo cuenta con su belleza física, sino que tiene una privilegiada inteligencia y presencia impactante; y además es una legítima hija del pueblo originario ngäbe buglé, el más numeroso de nuestro país. Poco después de ser escogida, fue a foros internacionales, como el Foro Permanente de los Pueblos Indígenas en las Naciones Unidas, y disertó también en la ONU en el Día Internacional de los Pueblos Indígenas; en la OEA, en Washington, también fue recibida, y últimamente fue huésped de honor de la Sociedad Bolivariana de Panamá. En estos foros vistió su autóctona nagua, y con toda seriedad y elegante vigor denunció la ancestral discriminación de los pueblos originarios. Su mensaje ha recibido reconocimientos y aplausos de pie.

Es bien conocido que tengo cerca de una década de interesarme en la vida de la comarca Ngäbe Buglé, una de las áreas con población más vulnerable de nuestro país. Me interesé con otros en ayudar a la cacica Silvia Carrera, quien como mujer independiente ganó sorprendentemente las elecciones con un liderazgo natural impactante. Hice lo posible para, junto con mi compañero de exilio y amigo, el excontralor Alvin Weeden, lograr concluir la negociación de Barro Blanco.

Se logró un acuerdo, firmado por los caciques y el Gobierno, pero se enredó en el proceso de aprobación del Congreso General, aún cuando luego de muchos meses finalmente fue aprobado. Desafortunadamente quedó allí sin ejecutarse debido a las constantes luchas intestinas entre los propios dirigentes indígenas. Allí está la posibilidad de que Barro Blanco termine siendo propiedad de la comarca, y les logramos el compromiso de caciques canadienses que viajaron a Panamá, cuyas comarcas manejan grandes negocios y que estaban dispuestos a enseñarles a los nuestros –de indígena a indígena– a manejar esta y otras potenciales empresas comarcales que les permitirían progreso propio, sin el tradicional sistema de pedir limosnas a los gobiernos de turno. Allí está el acuerdo, esperando la actividad colectiva de los propios beneficiarios.

¿Por qué describo esa vivencia en un artículo sobre Rosa Iveth Montezuma?

Yo siento que ella puede ganar el concurso Miss Universo, pero sin importar qué puesto ocupe en el certamen, ella, contrario a las otras muchachas, será noticia de primera plana, pues ya desde este momento ganó. Ganó presencia mundial para su país y sobre todo para su pueblo ngäbe. Lo más importante es que siento que ella, con esa presencia, está llamada a convertirse en el símbolo real de la unidad del pueblo ngäbe. Tengo la esperanza de que ella provoque un cambio en la actitud tradicional de luchas internas estériles que traicionan el necesario esfuerzo unificador del pueblo ngäbe para lograr organizar su economía propia y colaborativa, que permita su salto hacia el progreso autogenerado, algo que se puede lograr conservando intactas sus valiosas tradiciones culturales.

Rosa Iveth tiene y tendrá la inteligencia, el vigor de su juventud, la universalidad adquirida, y sobre todo la presencia nacional e internacional, para liderar el cambio de su pueblo hacia un futuro más independiente y próspero.

Ella, además de constituir orgullo patrio, podría –y debería– simbolizar el futuro positivo de su pueblo. ¡Ojalá así sea!

El autor es fundador del diario ‘La Prensa’


Última Hora

  • 05:02 1882: el año en que el istmo tembló de verdad Leer más
  • 05:01  PASE-U: Ifarhu proyecta para octubre el segundo pago de 2026 a los beneficiarios Leer más
  • 05:00 Municipios y juntas comunales acumulan $23 millones de deuda con la CSS  Leer más
  • 05:00 ‘Todo en mi apartamento se movía, por la ventana veía los edificios alrededor sacudirse de un lado a otro’ Leer más
  • 05:00 Niñez indígena en Panamá: 70% vive en pobreza y 39% sufre desnutrición Leer más
  • 05:00 Ali Zaki Hage Jalil, el único detenido por el atentado de Alas, recibe doble revés judicial  Leer más
  • 05:00 Quién fue Estevanico, el esclavo africano que se convirtió en el primer gran explorador del actual Estados Unidos Leer más
  • 05:00 Qué se sabe del terremoto de magnitud 7.4 que causó más de un centenar de muertos y graves daños en Colombia Leer más
  • 05:00 Cómo vivió el terremoto Manizales, una ciudad entre edificios derrumbados y fachadas rotas Leer más
  • 05:00 Panamá pierde terreno en inversión si no mejora seguridad jurídica y trámites, advierte Apede Leer más