LA CORRUPCIÓN

Primer paso: reconocer el problema

En la década de 1960, Singapur y Jamaica se independizaron del imperio británico. En ese entonces, ambos países eran pobres y tenían casi la misma cantidad de habitantes, 1.6 millones. Muchos economistas y politólogos pensaron que el futuro le sonreía más a Jamaica que a Singapur. Jamaica contaba con playas hermosas, abundantes recursos naturales, se hablaba plenamente el inglés y el país estaba localizado en el nuevo continente cerca del creciente e imponente Estados Unidos de los años de 1960. Por otro lado, Singapur era un país mucho más pequeño, sin recursos naturales ni tierras para cosechar, con divisiones religiosas, étnicas y de lenguaje bien marcadas, y con calor y humedad más regio que el de Panamá.

Los analistas se equivocaron. Hoy Singapur está muy por encima de Jamaica en casi todos los indicadores internacionales de desarrollo y bienestar. El PIB de Singapur es 20 veces más que el de Jamaica. En Jamaica, en 2010, la tasa de mortalidad infantil era de 14 muertes por cada mil recién nacidos; en Singapur, la cifra era 3. Con base en el índice de paz global, Singapur está ubicado en la posición 21 y Jamaica en la 92. Singapur figura de 7 y Jamaica de 83 en el índice de corrupción de Transparencia Internacional del año 2016. La superioridad de Singapur en estos índices continúa en otras áreas como educación, transporte y demás. ¿Por qué el éxito de Singapur y no el de Jamaica? ¿Qué ha hecho que algunos países prosperen y otros no?

Muchos consideran que el éxito del bienestar ciudadano radica en tener sistemas democráticos. Sin embargo, Jamaica cuenta con herramientas y procesos democráticos, mientras que Singapur es constantemente criticado por no ser una verdadera democracia. En 2017, 116 países contaban con un sistema democrático en sus diversas variantes; no obstante, la minoría de estos países goza de un amplio bienestar para su población. No es que la democracia no funcione. La democracia tiene valores y principios morales que son indispensables para tener una sociedad en armonía. Pero la democracia por sí sola no es cura para la pobreza, inequidad, falta de educación, vidas descontentas, acceso al agua, inequidad de género y demás.

Otros analistas y estudiosos contemplan que las instituciones son lo más importante para lograr el bienestar ciudadano. Sin embargo, ¿cuáles son esas instituciones? Las instituciones en países con altos niveles de desarrollo, democracia y bienestar como, por ejemplo, Suiza, Dinamarca, Canadá y Suecia, son muy diferentes. Más aún, muchos países como Kenia y Uganda, confiando en que las instituciones son la clave para el desarrollo y bienestar, han copiado instituciones de estos países para luego darse cuenta de que la situación no mejora o, incluso, empeora. Las instituciones importan, unas más que otras, pero la simple creación de las mismas no asegura bienestar ciudadano.

Lo que sí ha demostrado ser un factor significativo en desarrollo del bienestar de un país es la buena gobernanza. El problema con el concepto de buena gobernanza es que al ser muy amplio se puede perder de vista qué exactamente es lo que ayuda a un país. Elementos como transparencia, Estado de derecho, derecho de propiedad, medidas anticorrupción, democratización, participación de sociedad civil, derechos humanos y demás forman parte del concepto de buena gobernanza. No obstante, al analizar empíricamente cada uno de estos elementos de forma individual, podemos observar que algunos tienen más impacto positivo que otros.

Al final de los años de 1990, la corrupción pasa de ser un problema ignorado y desapercibido en los círculos académicos y de políticas públicas a tomar un rol principal. Con nuevas teorías, data y evidencia, se ha logrado comprobar las consecuencias y daños que causa la corrupción. A su vez, se ha logrado demostrar cuáles estrategias y herramientas verdaderamente funcionan para controlar la corrupción y los beneficios que conlleva controlar este gran problema.

El control de la corrupción, como pilar esencial de la buena gobernanza, ha demostrado empíricamente ser clave para el bienestar de la población. En los países en donde se controla la corrupción la población tiene más años de vida, hay mayor índice de desarrollo humano, existe mayor satisfacción de vida, la calificación crediticia extranjera es mayor y también el PIB. La razón es que cualquier política pública, por más inteligente, democrática y bien diseñada, es irrelevante cuando existe corrupción y cuando los que denuncian la corrupción son los que se meten en problemas y no los corruptos.

Singapur prosperó más que Jamaica, porque controlar la corrupción fue una de sus prioridades. Tenemos que controlar la corrupción en Panamá, si no corremos el mismo riesgo que Jamaica o, peor aún, el de nuestro vecino Venezuela. La primera solución a la corrupción es reconocer lo grave que es el problema.

El autor es ciudadano


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