La literatura tiene potencia genética cuando la trama, personajes y dramas se hacen parte de la vida cotidiana.
Las sentencias, aforismos, refranes tanto del Quijote como de Sancho, se encarnan en las voces del pueblo que las canta en décimas, declaman y repiten en cualquier latitud y época. Por eso Sancho le vaticina al caballero de la triste figura: “yo apostaré... que antes de mucho tiempo no ha de haber bodegón, venta ni mesón o tienda de barbero, donde no ande pintada la historia de nuestras hazañas”.
Don Quijote y Sancho son personajes de contrapunto, el escudero es la voz popular, mientras el caballero de la justicia representa la sabiduría intelectual, los dos se complementan y humanizan al armonizar sus diferencias.
La universalidad de la obra se actualiza en cada época. Don Quijote y Sancho son tan panameños como asiáticos, africanos, europeos.
Cervantes tiene plena conciencia de la trascendencia de su magna obra en un devenir sin coordenadas.
Y el incidente que ocurrió hace años con una funcionaria, prueba que las quijotadas son vox populi.
Aristides Royo, apasionado lector y cervantista confeso, apunta la relación histórica de una expresión que no aparece en el Don Quijote del famoso manchado de Lepanto, pero la cual tiene plena validez, pues forma parte del imaginario cotidiano.
Aristides comentó ante las palabras pronunciadas por la que fue directora de Migración (en tiempos del innombrable de Miami), “cuando los caballos están cabalgando, Sancho, es señal de que estamos haciendo nuestro trabajo”.
Deduzco que ella hizo referencia a la frase atribuida a Don Quijote, “ladran los perros Sancho, señal de que cabalgamos”. Cuando digo que tal frase se atribuye al famoso personaje, es porque la misma no aparece en el Quijote y a pesar de ello, la apócrifa máxima se ha abierto camino al punto de que se da como auténtica en testimonios orales y escritos.
La frase sobre los adversarios que tratan de evitar que avancemos, es muy antigua, tanto que se remonta a principios del siglo XVI, cuando el escritor Andrea Alciato, autor de epigramas, en un semanario de Salamanca de 1794 trata de un “caminante” que no se detiene por los ladridos de los perros.
Es sin embargo el gran poeta alemán Goethe, el que gracias a un poema hará surgir la frase “ladran, señal de que cabalgamos”. Varios autores ingleses, al citar a Goethe, incluyen a los perros que ladran y a los que cabalgan sin detenerse. El 29 de enero de 2010, Arturo Ortega Morante publica en Mundo hispanohablante, que Sancho se coló en la frase en la primera mitad del siglo XX, seguramente porque “alguien supuso que la frase era del Quijote y le agregó el Sancho, con mucha fortuna por cierto, porque el error se propagó exponencialmente”.
Ortega Morante concluye en el sentido de que hay que darle “la paternidad de la expresión al gran Goethe, que bien se lo merece”.
Si la frase de los caballos que cabalgan, con el Sancho incluido por la exdirectora de Migración hace carrera y tiene éxito, dentro de algunas décadas es probable que algunos despistados, en lugar de referirse a los perros que ladran, harán referencia a los caballos que cabalgan y se la atribuirán sin duda al Quijote, despojando así a la funcionaria de la maternidad de la equina y cabalgante frase que hará las delicias de los caballeros.
Cervantes en su afán de enderezar entuertos y deshacer agravios, como el citado incidente, hace que el pueblo asuma como suyas las quijotadas del caballero del honor.
La lectura creativa tiene una dinámica, la cual hace partícipe al lector en un triángulo emocional con el autor y la trama. Jorge Luis Borges, en el clásico juego de espejos, también sigue el estilo cervantino en sus fantásticas ficciones. ¡Somos hijos de la locura caballeresca de don Alonso Quijano!
Recomiendo la lectura de La Magia del Quijote, de mi autoría con Isolda De León, así nuestros funcionarios y políticos nunca más se equivocarán.
El autor es escritor
