El trágico incendio en una discoteca de Bucarest que causó 46 muertos ha agotado la paciencia de los rumanos con una clase política que consideran corrupta, pese a la dimisión del Gobierno de centroizquierda la semana pasada.
La salida del primer ministro Víctor Ponta y su gobierno no ha calmado los ánimos de una población que cada noche se manifiesta por miles, de forma pacífica, contra una lacra que ha persistido en la Rumania democrática tras la caída del sistema comunista en 1989.
La corrupción está presente en muchos ámbitos: desde los puestos otorgados a dedo por los políticos en la administración hasta los pequeños sobornos en el sector educativo, la sanidad y la policía a cambio de lograr una mejor atención o pasar por alto una multa, explican los expertos.
Ponta, imputado por varios casos de corrupción, se marchó del poder asegurando que no quería enfrentarse a una población molesta por los indicios de irregularidades en la discoteca Colectiv, donde un incendio el pasado 30 de octubre causó la muerte de 46 personas.
Sin embargo, como explica a Efe el columnista del portal de noticias Hotnews, Dan Tapalaga, su renuncia llega tarde por los escándalos de corrupción que le han salpicado tanto a él como a sus ministros y exministros, de los que 13 están imputados.
“Sorprende cómo se ha aferrado al cargo tanto tiempo tras las acusaciones de plagio de su tesis doctoral y corrupción por evasión fiscal y blanqueo de dinero”, argumenta Tapalaga.
Rumania lleva años bajo la observación de Bruselas por su lucha contra la corrupción, en la que ha tenido progresos considerables en los últimos años, tal como ha reconocido la Comisión Europea.
Según el fiscal general Tiberiu Nitu, se han abierto mil 469 causas por corrupción este año hasta el pasado agosto, de las que en 203 ya se han dictado sentencia, el doble que en 2014.
Rumania, el segundo país más pobre de la Unión Europea (UE), tuvo un crecimiento económico del 3.7% en el primer semestre de este año, tras una severa recesión por la crisis financiera, y su tasa de desempleo se sitúa en el 6.8%.
Pero el crecimiento económico o el relativamente bajo desempleo no se traducen en bienestar, con una tasa de población amenazada por la pobreza o la exclusión social del 40.2%, según la oficina comunitaria de estadística Eurostat.