Turquía “apuñaló por la espalda” a Rusia, pero resultó que la herida era “curable”. Recordando, con sarcasmo, la expresión del presidente Vladímir Putin para calificar el derribo de un caza ruso en la frontera con Siria, el periodista Mijaíl Fishman comentaba en el canal televisivo Dozhd el cambio de signo en la relación entre Moscú y Ankara, tras siete meses de distanciamiento, sanciones y retórica subida de tono.
En un escenario político con acusado gusto por lo simbólico, como Moscú, las formas son de importancia clave hoy, sobre todo las que sirven para subrayar que Rusia se hace respetar en el mundo. La disculpa del presidente turco Recep Tayyip Erdogan, exigida por Putin, ha puesto en marcha el mecanismo de retorno a la normalidad en las relaciones bilaterales, en la medida en que esto sea posible teniendo en cuenta las muchas empresas y actividades económicas perjudicadas por las sanciones.
Tras los gestos como la carta del presidente turco a su colega ruso y la conversación telefónica entre ambos, los expertos ven múltiples gestiones diplomáticas y también fríos cálculos producto de la experiencia de estos meses en los que se ha confirmado que cualquiera que sean sus diferencias, Rusia y Turquía no pueden permitirse renunciar a una colaboración provechosa para ambas. También hay quien ve oportunismo sobre el telón de fondo de las turbulencias europeas.
Tanto Rusia como Turquía son Estados “decepcionados” con la Unión Europea (UE), según dijo Alexéi Fenenko, de la facultad de política internacional de la Universidad de Moscú, en una mesa redonda en Moscú.
“Turquía busca nuevos socios, como Israel y Rusia, ante la decepción de la UE”, afirmaba Natalia Ulchenko, jefa del departamento de estudios turcos de la Academia de Ciencias de la URSS. En la decepción turca se enmarca el problemático acuerdo con la UE para frenar el tránsito de refugiados y la decisión del parlamento alemán sobre el genocidio armenio. En la decepción rusa, las dificultades para establecer nuevos gasoductos en Europa y la persistencia de las sanciones contra Moscú por su política en Ucrania.
En la emisora el Eco de Moscú, el politólogo Gleb Pavlovski predijo un acercamiento ruso-turco, porque ambos países tienen deseo de continuar una peculiar alianza comercial y política en la que pueden surgir “sorpresas” y “muchas cosas interesantes”. Con Turquía no hay que pelearse, sino “ir de caza juntos”, sentenció Pavlovski.
La hostilidad puede que no esté aún del todo superada, pero no se puede desperdiciar un momento como este “cuando la UE se tambalea y se producen un montón de coyunturas (favorables) políticas, económicas y comerciales”, señaló. “Los turcos son estupendos comerciantes y, como Rusia, no están interesados en un orden mundial”, aseguraba el analista.