Hoy, escuchando el canto del himno nacional, como primicia a nuestro mes de la patria, mi corazón se entristecía, y mis ojos se llenaban de lágrimas de dolor e impotencia, al escuchar las letras “y seremos así prez y gala”, y percibir en lo que hemos estado convirtiendo a nuestro hermoso país.
La falta de valores, de principios, de carácter y de honestidad, se han arraigado, en un porcentaje muy alto, dentro de nuestra población, como un cáncer maligno, que nos está afectando a todos, y que amenaza con devastar lo bueno y puro, que aún se mantiene vivo, en nuestra tierra. Dios quiera que en estos días, donde festejamos a esta nación, dentro de la alegría y el bullicio podamos hacer un tiempo para reflexionar al respecto, y entendamos que tenemos un gran país, un país hermoso y lleno de bendiciones, un país que ha sido, y sigue siendo, refugio y oasis para muchos que llegan a nuestro terruño, buscando consuelo, o un mejor porvenir, pero al que nosotros mismos, con nuestra desidia, nuestro no me importa, nos estamos encargando de destruir.
Pensemos qué país queremos para nuestros hijos, nietos y futuras generaciones; dejemos a un lado nuestro egoísmo y el pensar solamente en nuestro provecho personal, y empecemos a pensar en función de país. Intentemos tener conciencia y vernos como parte integral de un todo, porque todos somos uno, y porque Panamá se lo merece.
La autora es arquitecta
