Miguel Montiel Guevara publica en La Prensa una síntesis de lo que entiende es la Segunda República de 1999, esto es, la culminación de lo que llamó Omar Torrijos el alpinismo generacional. Respeto a Montiel. Es un intelectual serio y un patriota sin mácula. No estoy de acuerdo con su preciso y conciso planteamiento, puesto que en su pasión por destacar el logro más importante en la consolidación del Estado nacional con la última salida del soldado yanqui al culminar el siglo pasado, reniega de la Segunda República del 3 de noviembre.
Es una especie de colombianismo trasnochado, parodiando a Manuel Celestino González, cuando destrozó al doctor Ernesto Castillero Pimentel por proponer se borrase del calendario patrio el 3 de noviembre, para hacer más armoniosas las relaciones con Colombia; país en el que al parecer, decía el gitano, el doctor Castillero había debilitado sus sentimiento patrios en las aulas educativas. Agregaría que no soy de los que defiendo a los próceres, náufragos de las circunstancias, pero no reniego de la República. Y desconocer 1903 como la Segunda República no solo es un conato por acabar con la nación, sino que constituye una negación justamente del alpinismo generacional del que habló el más joven de “la joven Veraguas”, el conductor inmortal Omar Torrijos, quien nunca renegó de los hechos consumados en 1903 y que por el contrario, levantó la bandera mancillada por la marinería abusiva del norte y cumplió con la máxima del fortalecimiento permanente de la soberanía.
Olvida Montiel las luchas de Espinar, Tomás Herrera, Justo Arosemena, el pariteño José Manuel Luna, el de la tajada de la sandía, y muchos otros patriotas por la consolidación de la nación panameña y que encuentra en la algarada de 1903 su culminación.
Es impostergable en el estudio y discusión de la panameñidad tener presente que todo calificativo deja de ser un derecho sin límites para convertirse en un deber patrio del ciudadano.
Omar Torrijos, Changmarín, Gonzalito, Álvaro Menéndez Franco y Rafael Pito Murgas defienden la autenticidad y glorifican la Segunda República de 1903, al mismo tiempo que aceptan la Tercera República de 1999 como expresión del sacrificio del pueblo panameño por alcanzar la plena soberanía. De la historia hay que hacer buenas lecturas y extraer excelentes lecciones. Conociendo la integridad de Montiel, estoy seguro de que armonizará su propuesta, dejando a salvo el 3 de noviembre como parte del calendario patrio.
El autor es magistrado del Tribunal Superior de Trabajo en Veraguas