¡Eso es una animalada, una burrada, una barbaridad, un salvajismo! Así fueron las exclamaciones de algunas amistades cuando les comenté la posibilidad de una alianza entre Cambio Democrático y panameñistas.
Puedo estar acertado o despistado, pero no pretendo capitular al menor pretexto en formalizar esta interrogante y canalizar opciones en este país colmado de sorpresas y sorprendidos. Agudizar nuestros sentidos y observar la inexorable marcha del tiempo esperando si resuelve la incógnita política que puede ser tóxica para algunos y atractiva para otros.
En materia política todo es posible y todavía no se ha escrito la última palabra en los manuales de procedimiento para atrapar la manoseada silla presidencial.
Todavía corre mucha tinta sobre la familiaridad de Rómulo Roux y el presidente Juan Carlos Varela. Existe una estrategia y la razón más poderosa es sobrevivir. En el caso de los panameñistas que son funcionarios, si Roux se alza con la corona, es de suponer que la estabilidad de muchos queda garantizada y el partido quedaría todavía con una buena cuota de poder. ¿Hay lógica en esta demencial opinión mía? Que los lectores juzguen.
Por otro lado, abundan los “genios políticos” asesorando a candidatos ingenuos y faltos de experiencia que ciegamente obedecen y cumplen el menú que estos personajes les sirven en la mesa.
La experiencia nos presenta una cruda realidad política. Los partidos, al observar que por sí solos no lograrán ganar las elecciones, se unen temporalmente con otras fuerzas políticas.
Estas coaliciones suponen un compromiso posterior a las elecciones y que abre espacios del ganador y a los aliados que suscribieron el pacto de alianza. Es evidente que existen complicados procesos de negociaciones. En todos estos pactos sobresale la rentabilidad política en materia de lograr cantidad de votos en las urnas.
Son frecuentes los ejemplos de algunas alianzas que posteriormente de estar gobernando un tiempo en aparentes momentos cariñosos, se suben al cuadrilátero y protagonizan celos, empellones, sacaderas de trapos sucios y traiciones.
En lo que respecta a mi personal percepción de este complicado panorama político, me atrevo sin temor al temor a desafiar a los más encumbrados analistas del país a que me demuestren con sólidos argumentos si es o no posible que los partidos Cambio Democrático y Panameñista se consoliden en una alianza para coronarse en 2019 y que todo quede en familia.
Ya se tejen redes para lograr atrapar colectivos políticos que puedan aportar votos. Los llamados “partidos satélite” con paciencia oriental aguardan el momento preciso para acudir a la subasta de los colectivos más grandes con mayores opciones que estarían dispuestos a ceder espacios políticos a cambio de votos que pudieran lograr y calmar los apetitos voraces de estos “colectivos cascarones” formados solo para negociar cuotas de poder con los más fuertes.
Finalizando este escrito, quiero dejar explícito que soy un convencido de que un simple gobernante es un rostro ocasional que tiene etiquetada la fecha de expiración.
El autor es periodista