PROTESTAS JUVENILES

Separar la paja del trigo

Las recientes protestas de los estudiantes con relación al contenido de reformas a la constitución, nos ofrecen un signo de esperanza de cara al futuro de la Nación panameña. En esta ocasión son los jóvenes, generalmente desprovistos de intereses mezquinos, los que han asumido el liderazgo enfrentando valientemente los ataques de grupos que quieren mantener la injusta relación de poderes que está destruyendo las bases mismas de nuestras instituciones y de nuestra convivencia.

Lo primero que han debido encarar fue la campaña que pretende presentarlos como los promotores de actos violentos, patrocinados por algunos grupos radicales que, no se sabe con qué propósitos, generaron desórdenes en las calles y que las autoridades de la Policía utilizaron como excusa para desatar una represión mal dirigida, exagerada e injusta, digna de mejores causas.

Dentro de esa imagen de alteradores del orden público, fortalecida por la divulgación hecha de algunos medios de comunicación, perseguidores del rating que da a la violencia un protagonismo morboso, quedaba escondida la razón poderosa y sana de la juventud con ideales puros que lucha por lo que consideran mejor para el futuro de su Patria.

Los vimos siendo recogidos por la Policía sin haber cometido ni ser acusados de delito alguno, y sometidos a apresamiento, amarrando sus muñecas, rociando sus rostros con gas irritante, encerrados en jaulas, incomunicados de sus familiares, humillados con frases intimidadoras, e iniciándoles un proceso judicial carente de todo fundamento jurídico.

No faltaron los policías que desenfundaron sus armas de reglamento en abierta violación a normas de protocolo que se usan frente a estos casos. Para muchos de sus familiares fue el inicio de un “deja vu” que nos trae recuerdos de lo vivido durante la dictadura, cuando se violentaban los derechos humanos en cualquier manifestación de protesta.

La supuesta gran inteligencia de los cuerpos responsables de mantener el orden público no supo distinguir entre la paja y el trigo. Como quien recoge sin sentido a todo el que les quedaba cerca, o a los que por falta de malicia no corrían más que los otros, se hicieron de una cuota de secuestrados sin causa justa, en un esfuerzo inútil por disuadirlos de ejercer su sagrado derecho de protestar.

Sin embargo, se equivocan los que piensan que mediante las amenazas se puede evitar que la juventud se manifieste. Muy por el contrario estas acciones promueven mayor determinación. Por esa vía no consiguen sino aumentar el disgusto juvenil y colocar un sello de compromiso de los jóvenes con la libertad de expresión que permanecerá en el tiempo como vivencia imborrable.

La historia les dará la razón. Igual que en otros casos anteriores, aquellos que hoy son acusados de alborotadores, mañana se les rendirá homenaje por su valiente participación en la defensa de los derechos ciudadanos.

En este caso, la mayoría fue trigo y no paja. Trigo joven del que pasa por el proceso de ser machacado entre dos piedras planas para producir la harina que alimenta. Hoy se inicia una toma de conciencia y de participación ciudadana liderada por los pinos nuevos, preludio de mejores tiempos para Panamá.

El autor es educador

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