POLÍTICA

Siempre ganan los mejores

Siempre, a lo largo de los tiempos, los que perdemos, no nos da la gana de aceptar que hemos perdido, aferrándonos al pensamiento, ya muy popular, de que “la historia la escriben los que ganan”, dejando entrever el criterio de que entonces hay otra “verdad”. Por otra parte, este pensamiento lo aderezamos con que no siempre los que ganan son los mejores, tratando con este criterio de ocultar nuestras deficiencias.

Sin embargo, esto no es así: los que ganan siempre, absolutamente siempre, son los mejores, y al escribir su historia rara vez están equivocados; la interpretación de ella es la que causa grandes polémicas.

Argumentos tales como que al quemarse la biblioteca de Alejandría se perdieron miles de grandes conocimientos que hubieran potenciado aún más a la humanidad, es una enorme falacia, igual que centenares de argumentos parecidos. Los que no lograron la meta tienen dos opciones, cambiar de perspectivas o intensificar su práctica hasta llegar a ser los mejores.

En el marco de las luchas sociales se presentan  estos mismos fenómenos, los romanos ganaron todas las batallas por siglos y escribieron la verdad, y no fue hasta que los bárbaros le aprendieron las novedosas técnicas y costumbres cuando pudieron quitarse el yugo de encima.

Los empresarios, con Lutero, quisieron adelantar su revolución sin haber aprendido suficiente lo que el feudalismo tenía que enseñarles, y en la guerra de los 40 años fueron abatidos, no siendo hasta varios siglos después, luego de aprenderlo todo y apareciera su nuevo medio de producción, cuando lograron transformar el mundo.

¿Cómo se manifiesta este tema en la política?

Esta negación tiene su máxima expresión en la política: los que pierden en estas contiendas nunca aceptan que eso sucedió porque no son los mejores. A lo largo de los tiempos, las reglas del juego siempre han sido claras, incluso las que no se ven. Y desde que Maquiavelo escribió su brillante tratado histórico al respecto, con más razón.

El Partido Revolucionario Democrático enseñó a su membresía, y al país, un estilo nuevo de democracia, que se llama “centralismo democrático”, consistente en que luego de las votaciones, los discrepantes pasan en un solo puño a apoyar la decisión mayoritaria. Esto se lo aprendimos a Omar, el que actuó y enseñó en esa forma desde las decisiones colegiadas del Estado Mayor. No hay duda, falta mucho para profundizar este novedoso y moderno sistema democrático e incluso es posible que se produzca un retroceso.

En realidad, luego de ocurrir las elecciones primarias a lo interno del partido, todo el que perdió aparece con un discurso alucinando fraudes y justificando de mil formas que el que ganó no es el mejor; cuya única intención es la de encontrar una ruta para negociar su caudal de prestigio electoral. Esto sucede por dos motivos fundamentales: el primer motivo es producido porque el reglamento permite a cualquier inscrito ser candidato con mínimos niveles de requisitos, es muy superficial, no acentuando en lo más mínimo en la madurez ideológica y política.

El segundo, es porque todos parten del criterio de que para ganar hay que tener un discurso triunfalista, luego no saben cómo explicar la pérdida. El orgullo les impide que fluya la madurez en el entendimiento.

Del otro lado, los que ganan igualmente adolecen de la misma falencia, la sobrevaloración se apodera de ellos y asumen actitudes de prepotencia que impiden de igual forma el entendimiento. Este tema está inicialmente tratado en el segundo capítulo de nuestro libro titulado El Diputado o la muerte del príncipe.

De estos hechos hay un denominador común: las distintas autoridades institucionales del partido no tienen el liderazgo y la autoridad para convocar a sus candidatos y llevarlos a entendimientos, tema este que ha sido objeto de varios escritos nuestros.

Esa falta de visión práctica del centralismo torrijista y a nuestra incapacidad de resolver la inmadurez de los candidatos, ha dado pie a que evolucione la tesis a la negación del gran poder de convocatoria que generan las primarias, por lo que se levanta una fuerte oposición a su existencia.

De triunfar este retroceso neoliberal sobre el torrijismo, es seguro que será la última pala de tierra que le echaremos al féretro de Omar, dado que es el único instrumento existente que permite reencontrar el camino hacia el rescate de su ideario.

El autor es escritor y empresario.


Última Hora

  • 23:40 Cristiano Ronaldo, Messi, Modric... Las estrellas del Mundial que desafían los límites de la longevidad, según la ciencia Leer más
  • 22:50  A Inglaterra se le atraganta Ghana con un empate sin goles Leer más
  • 22:47 Minsa avanza en la reglamentación de ley para reducir el desperdicio de alimentos Leer más
  • 22:46 Costa Rica pide a Panamá pasar ‘de las buenas intenciones a las acciones’ para resolver disputa comercial Leer más
  • 22:32 Panamá llama en la OEA a actuar frente al deterioro democrático en la región Leer más
  • 22:09 MiBus y el Metro: Usuarios podrán pagar con tarjetas de crédito y débito Leer más
  • 22:07 PRD no descarta candidatura propia para la presidencia de la Asamblea Leer más
  • 22:02 El emocionante momento en el que una ballena y yo nos miramos a los ojos Leer más
  • 21:47 Concejo de San Miguelito aprueba nueva directiva y analiza moratoria tributaria  Leer más
  • 21:40 Policía aumenta a $4,000 la recompensa por los 15 prófugos de La Joyita Leer más