Este es apenas el recuento de unos hechos que se dan en el país más poderoso del mundo como una demostración de los más bajos niveles de falta de justicia, incomprensión y dominación que golpean a una humanidad sometida a la corrupción, los abusos y el cinismo.
El 8 de agosto de 1978 se dio en Filadelfia (Estados Unidos) un ataque cobarde contra la sede de la organización MOVE, “grupo radical, ecologista que luchaba contra la brutalidad policial en ese país”. Su mayor número de miembros era afroestadounidense. Ese día, oficialmente, fue atacada la sede de este movimiento.
Los bomberos arremetieron con mangueras de alta presión, inundando la edificación, en cuyo sótano se apretujaban acurrucados niños y mujeres. La Policía usó topadoras y disparó gases lacrimógenos hacia el interior de la casa. Delvert África, un joven miembro de esta agrupación que adoptó el apellido de John África, salió de la casa sin camisa y con las manos en alto. La Policía lo golpeó sin piedad, pateándolo salvajemente. Durante la redada murió el policía R. Ramp. Acusaron de su muerte a un grupo de miembros de MOVE que negó haber usado armas de fuego y que las evidencias demostraron luego que fueron disparos de la propia Policía los que mataron al oficial accidentalmente. No obstante, nueve miembros de MOVE fueron condenados a 30 y 100 años de cárcel.
La historia, con hechos verídicos e incuestionables, nos demuestra cada día que la esclavitud y las discriminaciones criminales -como la separación de niños de sus padres que se dan actualmente y que nunca se dio en la URSS como acusaban- no han desaparecido.
Los afroestadounidenses y los indios auténticamente americanos, así como sus mezclas, sufren menosprecio, discriminaciones y continúan siendo asesinados impunemente. El hijo de inmigrantes que ocupa hoy la presidencia de los Estados Unidos, llama a todos los hijos de pueblos africanos y americanos “países de mierda” e impulsa y defiende absurdas supremacías.
En África, Medio Oriente, Asia y América, los pobladores de esos países son víctimas de los peores atropellos sin que se haga justicia a nivel internacional. Aún están frescos los bombardeos a Hiroshima y Nagasaki que hoy ignora el señor Shinzo Abe.
¿Qué más tendrán que sufrir los pueblos de los países empobrecidos para que impere la justicia y la equidad y se haga un alto a los crímenes masivos de civiles y niños inocentes como en Yemen, Sudán, y Siria, por mencionar algunos?
¿Hasta cuándo los asesinatos selectivos de pobres, periodistas, estudiantes y defensores de derechos humanos en países de América Latina? Tenemos que ubicarnos en la realidad mundial como dentro de nuestros propios países, donde el robo, la maleantería y las asociaciones ilícitas son el pan diario.
Se impone un análisis serio para las elecciones venideras, abandonar el papel de limosneros de funcionarios o diputados que no dan nada, pues todo lo sacan de nuestros impuestos, incluyendo privilegios y enriquecimiento personal.
El autor es periodista y analista internacional