IMPUNIDAD

¡Sonó el timbre!

Solo en Panamá, la investigación del caso de corrupción más grande y más importante de Latinoamérica, ha sido cerrada. A sabiendas de que existen serios indicios y pruebas de que hay más personas y más dinero involucrado de lo que originalmente se pensaba, nuestros jueces decidieron no otorgar unos meses más para investigar.

Después de Brasil, somos uno de los países en donde Odebrecht confesó haber pagado millones de dólares en coimas y, a pesar de que hoy sabemos que fueron más de los 56 millones de dólares confesados por la empresa, los jueces deciden cerrar la investigación. Para agravar el tema, el Consorcio Internacional de Periodistas de Investigación (ICIJ) y el diario La Prensa, publican información encontrada en los discos duros del departamento de operaciones estructuradas de Odebrecht, donde surgen sobrenombres como Aguía, Cachaza, Canario, Periquito, Peau, Explorer, Alemao, Amigo da Onca, Capitao, Salario y otros, sin que sepamos a ciencia cierta quiénes son. Tres gobiernos distintos contrataron con Odebrecht y a muchos les interesa que la investigación se termine.

Esa plata es nuestra, y la necesitamos para resolver graves deudas sociales que tenemos con los miles y miles de panameños que no cuentan con agua potable, carreteras, puentes, escuelas, hospitales, centros de salud y muchas otras cosas.

Con qué cara podemos mirar al mundo y decir que nosotros tenemos instituciones fuertes, independientes y que combatimos la corrupción y el lavado de dinero, cuando nuestro Órgano Judicial, la institución que debe velar por una justicia objetiva, expedita e independiente, decide que el caso de corrupción más importante y complejo en la historia de Latinoamérica no amerita unos meses más de investigación. Sonó el timbre, se acabó el tiempo, no les importa quiénes queden por fuera o cuánto dinero no se logre recuperar, pues la ley les da la facultad de decidir, y decidieron a favor de la impunidad.

¿Y saben por qué siguen pasando estas cosas? Porque lo permitimos, porque miramos para el otro lado, porque agotamos nuestra indignación buscando a quién culpar por redes sociales y buscar excusas de por qué no asistimos a las manifestaciones.

Por eso nos siguen restregando los bates que no entregan, las donaciones a ligas deportivas que no existen o a fundaciones inventadas, las planillas 080, 172, 002, los carros que no necesitan, los viajes pagados con nuestros impuestos, los salarios de sus parientes, botellas y colaboradores de campaña, los discursos de odio, los millones y millones en sobreprecios y los servicios mediocres que nos brindan.

Ellos cuentan con nuestra indignación espúrea, por eso nos envían bombas de humo y se inventan enemigos ficticios como sus opositores políticos, los extranjeros, “el poder económico”, o a veces hasta le ponen nombre y apellido. Mientras tratamos de debatir qué gobierno fue más corrupto, nos siguen robando en mayor o menor medida y saliendo totalmente impunes.

Lo cierto es que esta historia va a tener un final, un final que no necesariamente será el fin de la impunidad, porque muy bien puede ser el fin de nuestra democracia.

Porque mientras debatimos quién es más corrupto, la calidad de vida del panameño se deteriora, al igual que la educación que reciben nuestros jóvenes.

No hay salida fácil, tenemos que participar. Tenemos que asistir a las manifestaciones y presionar mientras todavía podamos. Mirémonos en el espejo de nuestros hermanos venezolanos. Sí, los mismos que hoy en día algunos desprecian, también tuvieron una democracia como la nuestra, también descuidaron sus instituciones y hoy les toca emigrar.

Hoy es un buen día para empezar, no importa al final quién convoca, expresemos nuestro descontento con la corrupción e impunidad desde las 4:00 p.m. frente a la Asamblea. Seguramente no seremos muchos al principio, pero poco a poco vamos sumando y quizás logremos sumar suficientes para lograr avances. Por lo menos podremos decirles a nuestros hijos que lo intentamos. Nuestro país bien merece ese pequeño sacrificio

La autora es miembro de Movin y conductora  del programa ‘Sal y pimienta’

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