No solo las encuestas británicas se equivocan. Hasta en Suiza, donde los plebiscitos han caracterizado la política nacional durante más de un siglo, las hojas de té electorales pueden resultar difíciles de leer. En momentos en que los británicos se disponen a decidir si abandonar o no la Unión Europea –apenas el tercer referéndum general desde 1973-, con frecuencia surgen dudas respecto de si las encuestas de opinión son creíbles.
Entre los errores notables del pasado se cuentan no haber pronosticado que los conservadores del primer ministro David Cameron obtendrían la mayoría en las elecciones generales del año pasado. El grupo de firmas encuestadoras de Suiza, donde cada año se someten al voto popular unas 12 iniciativas, comparten los problemas de sus pares británicas.
Si bien tienen la ventaja de datos históricos que se remontan a 1891, tienen que reunir información en un país de gran diversidad lingüística y cultural, lo que dificulta la detección de tendencias nacionales.
“Los sondeos por elecciones no son tan difíciles, pero encuestar para referéndums es mucho más complicado, y más aún si no se tiene un punto de referencia en el pasado reciente”, dijo Claude Longchamp por teléfono desde Berna, donde dirige la firma encuestadora gfs.bern.
“Si tenemos una referencia histórica sobre la cual preguntar a la gente, podemos evaluar los resultados. En el Reino Unido no la tienen”. En Suiza, una votación nacional acerca de cualquier tema puede realizarse si se reúnen 100 mil firmas entre los ciudadanos del país, que pueden hablar alemán, francés, italiano y romanche.
Las consultas anteriores han comprendido desde limitar el pago a ejecutivos hasta expulsar a los extranjeros condenados por crímenes graves y reducir la inmigración de la UE. Las votaciones suelen realizarse cuatro veces por año y también hay referéndums regionales en un país que tiene más de 8 millones de habitantes. Gfs.bern realiza sus encuestas por teléfono con una muestra de entre mil y mil 500 personas.
El instituto de análisis Sotomo de Zúrich, en cambio, se inclina por las encuestas online. Comprenden preguntas como la forma en que votó una persona en el pasado, algo que el director, Michael Hermann, sostiene es una forma más adecuada de evaluar los resultados que limitarse a controlar variables como edad, género o lugar de residencia. De todos modos, “no hay pociones mágicas”, dijo.