En Bolivia, el show de fraude y corrupción prepara el escenario para manipular los resultados del referéndum reeleccionista de Evo Morales, haciendo ganar al “sí” en contra de más de dos tercios de los bolivianos que quieren un “no” que cese el régimen de corrupción y miedo que los oprime.
Se trata del “fraude como política de Estado”, de la actividad y del manejo de los asuntos públicos en beneficio propio y de un reducido grupo con la intención de mantenerse indefinidamente en el poder, con el que se enriquecen ilícitamente. El primer engaño de la política de fraude es “disfrazar de interés general el interés y la ambición particular” para así aprovecharse de la necesidad de los pueblos hasta someterlos.
En los países con democracia, alternancia en el poder, previsibilidad, cumplimiento de la ley por vigencia del estado de derecho, obligación de los gobernantes y servidores públicos de rendir cuentas, como el resto de los ciudadanos, puede haber también corrupción, pero es la excepción, no la regla, porque los mecanismos y las características de la democracia permiten prevenirlos, detectarlos, exponerlos a la opinión pública, así como juzgarlos y sancionarlos según corresponda.
Cuando en democracia se señala un fraude quiere decir que el sistema funciona y que el esclarecimiento es posible y previsible. En cambio, cuando en una dictadura se denuncia o se pone en evidencia algún fraude, la señal del y para el gobierno es que el sistema está fallando porque el fraude y la corrupción son el fundamento esencial del régimen. Entonces tapan el fraude con más fraude y corrupción, lo que establece un “régimen de impunidad” que introduce en el manejo del Estado “un sistema de crimen organizado”. Este círculo vicioso solo cesa cuando se retira a ese tipo de gobierno y se reponen la libertad y el estado de derecho.
En los países afectados por gobiernos perpetuos, el estado de derecho y la democracia en tiempos de fraude y corrupción han sido sustituidos por la inseguridad y el miedo, como acaba de ocurrir en Venezuela, donde la dictadura, por medio de su Tribunal Supremo de Justicia, impone medidas que no solo violan el poder y las atribuciones de la Asamblea Nacional, sino que condenan a los venezolanos a más hambre y miseria.
Ahora en Bolivia se desarrolla el show de fraude y corrupción que prepara el escenario para manipular los resultados del referéndum reeleccionista de Evo Morales que haga ganar al “sí” en contra de más de dos tercios de los bolivianos que quieren un “no” que cese con el régimen de corrupción y miedo que los oprime. El fraude electoral boliviano, de este 21 de febrero, es solo un acto más en las acciones de una dictadura que no retrocede ni se inmuta ante el “zapatazo de la corrupción” que ha atrapado a Evo Morales en un lecho de millones de dólares y contratos chinos. Frente a esta evidencia, la regla transnacional aplicada es más mentiras, fraude y corrupción, como ha hecho el régimen castrista por 57 años y que parece funcionar en sus dominios.
Pero el fraude tiene límite. Lo demostró Venezuela, que tras sufrirlo en sucesivas elecciones y por muchos años, derrotó electoralmente a la dictadura el pasado 6 de diciembre. Lo demostró Argentina, que retiró del gobierno al régimen Kirchner y ahora lo está sacando del poder. El final de los tiempos de fraude y corrupción está muy cerca porque están en evidencia. No tardará la Asamblea Nacional en restituir la democracia en Venezuela, y el pueblo de Bolivia en demostrarle al dictador cocalero que los tiempos de fraude y corrupción se acaban porque “no se es impunemente poderoso”.
