[DEPARTAMENTO DE ESTADO]

Estados Unidos devaluó su relación con América Latina

La defensa de la libertad y los derechos del individuo han sido las anclas de la acción externa de Washington. Por eso desconcierta su voltereta con la enmohecida dictadura cubana.

La grosera magnitud de la intervención de Cuba en la Venezuela chavista demostró, hace mucho, que la “cooperación” del castrismo con su “benefactor” energético es un burdo disfraz de su estrategia de dominación.

El ejército de médicos, maestros, entrenadores deportivos, etc., solo es superado por el número de agentes de inteligencia cubanos que controlan al régimen de Nicolás Maduro para que este, a su vez, pueda controlar a los venezolanos. Ellos son las víctimas de la pauperización provocada por la copia bolivariana de la revolución de los octogenarios Castro que esclaviza a los cubanos desde hace más de medio siglo.

¿Quién gana en este macabro intercambio: el castrismo o el chavismo? Ambos se creen ganadores, pero es indudable que Venezuela pierde en lo económico, pierde en lo político y pierde en dignidad. Regala su petróleo y entrega su soberanía para asegurar un modelo que solo produce pobreza, represión y desprestigio. Choca, pero no sorprende en el absurdo tropical que Maduro multiplica.

Lo que sí sorprende es la desbalanceada negociación de Estados Unidos (EU) para restablecer relaciones con Cuba porque en ella olvidaron los principios históricos de su política exterior. Principios cuya fuente más potente es –¿o era?– la libertad.

Refiriéndose a su Constitución, Jefferson decía que: “Es imposible no sentir que estamos actuando por toda la humanidad”. A pesar de los excesos a que puede llevar el afán evangelizador, es indudable que la defensa de la libertad y los derechos del individuo han sido las anclas inamovibles de la acción externa de Washington no solo en América Latina. Por eso desconcierta su voltereta exagerada con la enmohecida dictadura de los Castro, precisamente cuando la diplomacia estadounidense tenía la mejor oportunidad de exigirles que utilizaran su enorme influencia con Maduro para inyectarle un mínimo de realismo y respeto por los derechos humanos de los venezolanos.

Es criticable que un giro tan inesperado coincida con los meritorios esfuerzos del nuevo secretario general de la Organización de Estados Americanos para que esa organización –antes prioritaria para EU– asuma las responsabilidades que le asigna la Carta Democrática Interamericana frente a Venezuela. Peor aun si coincide también con la aplastante elección de una mayoría democrática en el parlamento de Caracas, y con el notorio declive de la izquierda en América Latina.

¿Es que al Departamento de Estado ya no le interesa nuestra región, tan inoportunamente opacada por sus privilegiadas relaciones con la Cuba comunista? ¿Es comprensible que la potencia hemisférica se desentienda de la actual coyuntura latinoamericana cuando ya no están presentes las circunstancias que determinaron el replanteamiento de sus relaciones con la dictadura castrista?


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