FORMACIÓN DESACTUALIZADA

Urge una educación crítica

Urge una educación crítica
Urge una educación crítica

Visitar mi tierra bella es como viajar en el tiempo y darse cuenta de que muchas cosas no han cambiado. A pesar de las nuevas carreteras, autopistas, cintas costeras, edificios y proyectos del alcalde capitalino, existen otros elementos que me dan mucho que pensar. Y es allí donde mi pensamiento crítico despierta y me hace reflexionar. El llegar y visitar mi patria es toda una aventura que te hace recordar que todavía debemos evolucionar en muchas cosas más importantes que edificios y carreteras. El llegar al aeropuerto y ver cómo los empleados de aduanas tratan al visitante con tantas reglas: ¿cuántos regalos traes y para quién?, ¿a mí qué me trajiste? Luego están los taxistas, quienes están a libre oferta y demanda de cuánto te cobran, y si ves que tienes acento extranjero te quieren cobrar de más. El ir a un restaurante es toda una odisea con eso de la propina, que si te la cargan a la cuenta o no. ¿Cómo dar propina a un mal servicio? Esto me sucedió en en un hotel en Chiriquí. Llevé a mi familia a cenar para celebrar la graduación de mi sobrino. Cuando le digo a la joven que nos atendía si nos podía traer pan, esta me contesto que el pan se traía una vez habíamos ordenado la comida. Pedimos la comida y el pan no llegaba, hasta que le recordé a la joven que aún no teníamos pan. Luego pedimos las bebidas. Fui el único que pidió una copa de vino tinto. Toda mi familia tenía su bebida menos yo; ya colmado de tanto esperar, me decidí recordarle a otra joven que su compañera se había olvidado de traerme el vino. La joven a la cual le pedí el vino, mandó a su compañera para que me trajera mi bebida. Esta joven jamás vino a la mesa ni a pedir disculpas, ni a preguntar si necesitábamos algo más o si la comida estaba buena. Pero a la hora de pagar, estaba más que servicial, me pregunto si su actitud estaba relacionada a cuánta propina le iba a dejar. En efecto su propina fue buena, pero no se lo merecía.

Aunque parezca negativo, algo que me llama sobremanera la atención es el atraso que existe en la educación pública. En mi última visita a mi alma mater en David, me percaté que los jóvenes de mi colegio todavía leen Desertores; cuando visité Gran Morrison, pude ver que todavía usan los mismos textos de primaria que yo hace cuatro generaciones, y lo último, mientras compraba algunos libros en la librería Cultural, me enteré que todavía los colegios leen Narraciones panameñas. Me pregunto: ¿Es que en Panamá nadie ha escrito desde entonces? ¿Dónde está la actualización curricular? ¿Dónde y cuándo leen nuestros niños y jóvenes literatura más actualizada?

De igual forma, me he podido dar cuenta de que las religiones se han multiplicado como termitas. Cuando visitaba las calles y pueblos de David me cansé de contar iglesias. Dos cosas quiero advertir, estos lugares parecen más bien negocios particulares que atraen a los más vulnerables, en su gran mayoría a los pobres y los indígenas. Y si a esto le sumamos una falta de educación pública basada en un pensamiento crítico y alejada de dogmas religiosos...

Después de dos semanas en mi bella tierra istmeña tuve la mas incómoda experiencia, el abuso a la intimidad hacia el ser humano. Una vez pasas los controles de seguridad en el aeropuerto de Tocumen y antes de subir al avión, los empleados del aeropuerto deben revisar tu equipaje de mano y revisar que no llevas nada peligroso en tu cuerpo. Esto fue lo peor que me sucedió. Primero esta joven señora me revisa mientras habla con otra persona. Lo que considero una falta de respeto al cliente. Segundo, me llamo “papi” sin darse cuenta. Y tercero la forma en que te revisan es bastante abusiva e intimidante. Como aeropuerto internacional deben tener mejores controles de seguridad, debe haber máquinas que hagan este trabajo. A su vez deben entrenar a estas personas a tratar mejor a los pasajeros y a tener un dominio básico del inglés. Creamos o no estos señores son los embajadores de nuestro país; ellos son los que pueden o no hacer que el visitante vuelva a Panamá. Pude escuchar cómo un grupo de jóvenes extranjeros se reían y hacían comentarios no tan agradables ante tal bochornosa situación.

Panamá es un bello país, pero necesitamos mejorar muchas cosas, principalmente su educación pública. Debemos enseñar a nuestros niños y jóvenes una verdadera educación crítica y cónsona con nuestra realidad social, sin dejar de revisar nuestra historia, mas no vivir en la misma. Las religiones deben estar alejadas de la educación y dejar que los padres y madres inculquen a sus hijos o no esos valores religiosos hasta que los jóvenes puedan tomar sus propias decisiones. Es urgente una mejor y actualizada educación pública, basada en el pensamiento crítico del individuo y alejada de la religión.

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