[RÍO DE JANEIRO]

Violencia perfora la burbuja olímpica

La fuerte presencia del Ejército cerca del Parque Olímpico y de otras áreas de competición contrasta con los accesos de la ciudad en barrios como Botafogo, donde la seguridad es nula.

Cuando se fueron acercando los Juegos Olímpicos, y el Ejército brasileño empezó a ensayar cómo controlaría la seguridad de Río de Janeiro, muchos cariocas asumieron que, al menos durante el evento, y al menos para que la ciudad pudiese acoger a delegaciones y autoridades extranjeras, la violencia urbana a la que están acostumbrados cesaría. No ha sido del todo así. Si bien la presencia del ejército es constante allí donde se celebran competiciones y eventos olímpicos, en los demás barrios apenas ha cambiado la sensación de inseguridad a la que los ciudadanos están acostumbrados. Siguen dándose episodios de tiroteos y atracos, aunque de forma discreta, en las páginas de sucesos. Y algunos de ellos llegan a afectar no solo la vida de los ciudadanos de Río, sino también el día a día de deportistas, periodistas y turistas que aterrizaron en la ciudad. La realidad de Río ha invadido en varias ocasiones la burbuja olímpica.

La noche del miércoles 10 de agosto, por ejemplo, tres agentes encargados de la seguridad de los juegos fueron atacados por narcotraficantes al entrar por error en la favela Vila do João, en la zona norte. Dos de ellos fueron tiroteados y uno acabó hospitalizado. Los tres venían de otros Estados y habían ido a Río solo a trabajar a las Olimpiadas.

Pero este es solo el último caso. El día de la ceremonia de apertura de los Juegos en el estadio de Maracaná. El barrio de Tijuca, en la zona norte de la ciudad, contó con el refuerzo de policías militares y del Ejército. Parecía que reinaba la paz. El estadio estaba cercado y era imposible llegar a menos de 200 metros de él. Las delegaciones de los atletas que subían a sus furgonetas para regresar a la Villa Olímpica estaban bajo la atenta mirada de los agentes. Mientras tanto, los espectadores se deparaban con militares en todos los accesos del metro.

Semejante despliegue de seguridad se creó para evitar, ante todo, atentados terroristas y narcotraficantes durante los Juegos. Pero no fue suficiente para inhibir a delincuentes ni para impedir que a un comisario de la Policía Federal, que también coordinaba la seguridad de la ceremonia de apertura, casi le atracasen en los alrededores del Maracaná. Fue abordado por un grupo de cuatro hombres armados con cuchillos al salir del estadio. El comisario y otros dos policías abrieron fuego contra los atracadores, lo que provocó el pánico entre quienes abandonaban el recinto.

También parece producirse esto en la región del puerto, donde está el Bulevar Olímpico, siempre repleto de turistas y cariocas atraídos por las atracciones culturales programadas para los Juegos. Según declaraciones de varios trabajadores a El País, ese área de Río, ubicada al lado de la favela de Providencia, nunca ha vivido días tan tranquilos. No obstante, cuando la arquitecta carioca Denise Ribeiro Dias, de 51 años, se dirigía en su coche hacia el centro de la ciudad por la Via Binário, cerca de la siempre concurrida plaza Mauá, fue asaltada por tres atracadores. Intentó acelerar pero acabó recibiendo un tiro en la nuca.

La fuerte presencia del Ejército cerca del Parque Olímpico y de otras áreas de competición contrasta también con los principales accesos de la ciudad en barrios como Botafogo o incluso en la turística Ipanema, donde la seguridad es nula. Allí fue donde, hace una semana, el ministro de Educación de Portugal, Tiago Brandão Rodrigues, casi fue atracado cuando volvía a su hotel.

La realidad olímpica tampoco ha eclipsado la crisis del modelo de pacificación adoptado por el Estado de Río, mediante la instalación de Unidades de Policía Pacificadora en las favelas. Las operaciones policiales rutinarias y la abundante violencia también siguen como de costumbre para los vecinos de las regiones periféricas de la ciudad, como en el Complexo de Alemão, en la zona norte de Río. “El Alemão sigue igual de intenso. Tiroteos diarios, intervenciones policiales, heridos de bala. No ha cambiado nada. Las intervenciones policiales se han intensificado estos últimos días, lo que se ha traducido en más heridos de bala, más muertos y muchos detenidos”, resumió a El País Betinho Casas Novas, fotógrafo del diario Voz da Comunidade, que sigue de cerca la realidad de este complejo de favelas.


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