En los primeros diez meses de 2026, los activos financieros latinoamericanos han tenido un desempeño favorable.
En dólares estadounidenses, el índice MSCI América Latina acumula una ganancia del 22.2%, con destaque para Colombia (51.9%), Brasil (31.0%) y Perú (26.8%). En divisas, el peso colombiano se apreció 18.4% y el real brasileño 9.2% frente al dólar. La percepción del riesgo soberano también mejoró: el EMBI latinoamericano disminuyó 106 puntos básicos, abaratando el financiamiento regional.
Este desempeño responde, en parte, a la diversificación de carteras de inversionistas atraídos por las valoraciones accionarias de la región. El alza de las materias primas mejoró los resultados de las empresas exportadoras y los ingresos externos de varios países y, junto con diferenciales de tasas favorables frente a Estados Unidos, fortaleció algunas monedas regionales. La caída del EMBI refleja, además, una mayor disposición a asumir riesgo soberano, que contrasta con la elevada deuda pública, déficits fiscales persistentes y el creciente costo de su servicio en varias economías.
Sin embargo, el entorno internacional se ha endurecido. Al 23 de octubre, el bono del Tesoro estadounidense a diez años rendía 5.00%. Es la referencia para valorar los activos de la región: cuando sube, encarece la emisión soberana y reduce el valor presente de acciones y bonos. La Reserva Federal mantiene su tasa objetivo entre 3.75% y 4.00%, pero los futuros de fondos federales sugieren que podría rondar el 4.50% a finales de 2027. Son expectativas de mercado, no decisiones anunciadas, pero apuntan a alzas, no a recortes.
Los riesgos geopolíticos añaden incertidumbre: pueden encarecer la energía y algunas materias primas, alimentar la inflación mundial, prolongar las tasas elevadas y debilitar el crecimiento y el comercio. Para la región, el efecto es ambiguo: ciertos exportadores podrían beneficiarse de mejores precios, pero una mayor aversión al riesgo suele traducirse en salidas de capital, monedas más débiles y primas soberanas más altas.
Los inversionistas se preguntan, entonces, si la tendencia podrá mantenerse en 2027. La respuesta dependerá de las condiciones internacionales y de los fundamentos de cada país. En un escenario favorable, con crecimiento mundial sostenido, moderación de las tasas estadounidenses, materias primas estables y menores tensiones geopolíticas, las acciones podrían seguir apreciándose, las monedas fortalecerse y las primas de riesgo soberano reducirse. En el más probable, con crecimiento moderado, tasas estadounidenses relativamente elevadas y riesgos geopolíticos persistentes, esperaríamos rendimientos accionarios más modestos, monedas más volátiles y primas soberanas diferenciadas según la solidez fiscal. En el adverso, nuevas presiones inflacionarias, mayores rendimientos del Tesoro, menor crecimiento mundial y una escalada geopolítica podrían provocar correcciones accionarias, depreciaciones cambiarias y un mayor costo de financiamiento soberano.
En definitiva, 2027 podría ser un año de oportunidades para los activos latinoamericanos, pero con mayor diferenciación entre países, donde la disciplina fiscal y la confianza de los inversionistas tendrán un papel determinante. La interrogante es si los mercados seguirán premiando las expectativas o comenzarán a exigir resultados económicos y fiscales más concretos.
El autor es financista



