El mes de noviembre trae días para la reflexión, pensamos en aquellos héroes que soñaron por un Panamá libre y soberano. Nos aprestamos a conocer hechos, logros, dificultades que concluyeron en nuestra independencia de España, en 1821, y en la separación de Colombia, en 1903. El patriotismo se enaltece ante aquellas gestas que consolidaron el Estado. Sin embargo, olvidamos la contribución de los antepasados indígenas panameños. Ellos, al asentarse, definieron lo que sería los límites territoriales del istmo. Según el arqueólogo, Richard Cooke, importantes intervenciones se dieron mucho antes del periodo colonial, pueblos que según él, se establecieron hace 12 mil años.

En el Centenario de la República en 2003, Cooke y Luis Sánchez publicaron que los indígenas precolombinos eran insignes artesanos y poseedores de tradiciones simbólicas, aportes al nacionalismo. El nombre del Estado es de origen indígena, ellos a la abundancia de mariposas y peces le llamaban bannaba, quedando forjado el nombre de la patria por los pueblos originarios.

Los aportes económicos están invisibilizados. El VII Censo Agropecuario de 2011, muestra que las comarcas contribuyen en varios renglones. Por ejemplo, los ngäbe buglé criaron entre 300 y 457 gallinas en 2011; al medir el aprovechamiento de la tierra es palpable su esfuerzo de optimizar los recursos que les permitan producciones destinadas a la autosostenibilidad, semillas y ventas al por menor. Algunos desconocen que los ngäbe cultivamos y cosechamos café para la exportación. Es indiscutible nuestra contribución en mano de obra, como fuerza laboral no especializada del sector primario. Somos parte del bagaje turístico que desarrolla las formas culturales y artesanales de las comunidades, insertándolas como parte de la identidad nacional.

Otro aspecto de contribución es la protección que prodigamos a la tierra, por la existencia articulada con los pueblos originarios. Visibilizamos el aporte puntual de la religión Mama Tadta, fuerza espiritual que surgió bajo el liderazgo de Delia Bejerano. Liderazgo que valoró a la mujer ngäbe, al posicionarse en la dirección de una fe reveladora de cuantos aún la practican. A lo anterior se suma el cuidado a los recursos forestales e hídricos durante siglos. Los más importantes ríos están en las comarcas. El uso de estos ha creado conflictos, porque no se quiere reconocer lo que ha costado su conservación, por ser las principales fuentes de agua de todos los panameños.

Antes de finalizar, realzo la contribución de las mujeres indígenas. Su mano de obra prevalece en el sector primario, en las tareas domésticas y en su cuidado de la familia. Incursionan en labores agrícolas, luchan en defensa de la tierra, los recursos naturales y en toda actividad en que la vigencia del derecho indígena resulta crucial. Somos parte de esos primeros cimientos históricos que, poco a poco, se visibilizan y corroboran nuestra aspiración a una patria soberana, bajo una interculturalidad respetuosa y valorada.