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VIOLENCIA

Una autoestima poderosa

En el seno de la sociedad se están gestando procesos revolucionarios para algunos, evolutivos o involutivos para otros. La presión de los propios acontecimientos impone a nuestras escuelas dinámicas que aún no están preparadas para manejar. La violencia y sus formas de expresión son una de ellas. Hay voces en la sociedad que demandan que en las escuelas se diseñen acciones que impidan a sus estudiantes engrosar las estadísticas de delitos como victimarios, por un lado y, por el otro, propicien la apertura al apoyo emocional, terapéutico y legal de especialistas o instituciones en caso de que los jóvenes o niños sean víctimas.

Este es un trabajo frente al que los docentes se sienten rebasados. Primero están las competencias, tanto emocionales como teóricas que deben manejarse y luego están las implicaciones sumamente delicadas que derivan de una intervención inapropiada, mal administrada o deficiente que deja a los colegios expuestos a batallas legales engorrosas. Sin embargo, se abre terreno la idea de que las estrategias preventivas contra la violencia deben dirigirse al desarrollo de competencias emocionales, concretamente la autoestima hasta el punto del fortalecimiento del poder, mas no el poder arbitrario de causar daño, sino aquel que viene de la certeza de conocer derechos, contar con apoyo sanador y sobre todo, con conciencia y autonomía para denunciar.

Una estrategia bastante funcional y abarcadora encaminada a lo emocional es la de incorporar la violencia como eje temático en las unidades trimestrales de los colegios. Este ejercicio ya se ha desarrollado de modo específico, por tanto lo reiteramos porque nos parece que, llevado de modo permanente supondría mejores resultados que los de una aplicación coyuntural o cosmética para cumplir con una fecha. El énfasis estaría en el uso de recursos de la cotidianeidad de los niños y jóvenes en sus clases: la función estética del lenguaje en la poesía y el canto que, sin ser eróticos, aluden al cuerpo humano ya sea alabándolo todo o en sus partes, la combinación de los posesivos en el caso de los niños para reforzar la idea de propiedad. Todo ello con el propósito de tratar en ellos y con ellos el cuidado y respeto que le deben conceder a asuntos tan sencillos como la higiene personal o los más complejos como el de delatar la manipulación de su cuerpo por parte de extraños en la vía de la violencia sexual.

Ya sea mediante la apertura de debates o discusiones con los estudiantes acerca del manejo de la violencia en los medios de comunicación locales, las dramatizaciones y la creación de tribunales estudiantiles ante los cuales llevar casos de disciplina en el aula, pensamos que la dinámica del empoderamiento emocional constituiría el paso a iniciar por las escuelas en lo que respecta a la prevención de la violencia. Por supuesto, estas actividades estarían guiadas y controladas por el docente con el apoyo de un especialista. Solo imaginemos las posibilidades y materialicemos las propuestas.

La autora es docente


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