Actualmente, la República de Panamá es un Estado soberano e independiente. Esto construye un país donde la voz y el voto no son únicamente de los políticos, sino también del pueblo panameño. Sin embargo, esta no fue siempre la realidad, pues así como hoy tenemos democracia, en otros momentos ha gobernado el caos y la persecución.
En la época colonial, los europeos impusieron instituciones políticas y jurídicas perjudiciales; sin embargo, los panameños lucharon por la independencia. Casos similares con Colombia y Estados Unidos sucedieron, pero panameños, como don Justo Arosemena, considerado padre de la nacionalidad panameña, dedicaron su vida a luchar por la autonomía política de Panamá. Él, al ser jurista, estadista, escritor, político, profesor, orador, economista, reformista, historiador y diplomático, en sus exposiciones expresaba sus deseos y motivaba a otros a seguir sus ideales.
El libro El Estado Federal de Panamá fue su logro político personal más importante, en el que reúne de forma sistemática los argumentos en favor de la creación del Estado Federal Panameño, dentro de la Confederación de la Gran Colombia.
El 28 de noviembre de 1821, después de maduras deliberaciones, se reunieron y proclamaron su independencia de España, declarando en 12 artículos su querer soberano. Con esto, el territorio de las provincias del istmo pertenecería al Estado republicano de Colombia.
El istmo, por medio de sus representantes, formaría los reglamentos económicos convenientes para su gobierno interior. A pesar de todos los acuerdos y reformas, Colombia no contribuyó de ningún modo directo al istmo.
Es así como Arosemena nos muestra la importancia de la moral internacional, la cual expone en forma crítica las transformaciones actuales del derecho internacional a la luz de los problemas de la política mundial y sobre todo de la búsqueda de la coexistencia pacífica entre los Estados. Debemos dar a conocer y dialogar las molestias e injusticias que se dan para así buscar una solución.
Las propuestas de Arosemena definirían el desarrollo del país, y la Constitución de 1853 no sería el resultado de un plan armonioso sin su aporte. A través de su libro, motivó al pueblo panameño a hacer un cambio, en el cual proponía la creación de un Estado Federal autónomo, mas no independiente, que ejerciera su soberanía en ciertos campos, pero que en otros siguiera dependiendo de Colombia.
La provincia ahora podía tomar decisiones sobre ciertos asuntos, en especial en cuanto al comercio y la asignación de funcionarios.
Este fue uno de los hechos que encaminó a Panamá para ser lo que es hoy día, pues, a pesar de no haber sido un país propio desde sus primeros momentos históricos, ha demostrado ser independiente, luchador, perseverante y muchas otras cualidades que han sido los motores para su desarrollo.
Hoy, con mucho orgullo, puedo decir que Panamá es un país pequeño, pero con una gran historia.
Un país que vivió realidades devastadoras, pero siempre fueron afrontadas con la mejor actitud, valentía y persistencia. Un país soñador dispuesto a que sus anhelos se hicieran realidad, ya que siempre supo quién era.
La autora es participante del Congreso Anual Justo Arosemena 2018 de la Fundación Libertad