El reciente informe de la Encuesta de Mercado Laboral del Instituto Nacional de Estadística y Censo (INEC) expresa que la tasa de desempleo experimentó una notable reducción, al pasar del 10.4% en septiembre de 2025 al 8.5% en agosto de 2026. En términos netos, el reporte celebra la incorporación de 77,231 personas a la población ocupada.
Sin embargo, el análisis riguroso de la “letra chica” del informe técnico revela un fenómeno alarmante: el desempleo no disminuyó gracias a una vigorosa reactivación productiva, sino debido a un agresivo proceso de precarización del empleo.
Para comprender la vulnerabilidad de los datos presentados por el INEC, es imperativo desgranar las categorías que componen la población ocupada. La reducción de 1.9 puntos porcentuales en la desocupación abierta coexiste con una contracción masiva e histórica del empleo pleno. De acuerdo con el propio informe, la cantidad de trabajadores clasificados como ocupados plenos sufrió una caída devastadora de 144,985 personas.
Entremos a explicar esta precarización de manera detallada y en concordancia con lo que refleja el citado informe del INEC:
Evolución de la estructura laboral en Panamá (2025 frente a 2026)
Y es que, en tan solo once meses —de septiembre de 2025 a agosto de 2026—, el volumen de empleo pleno se encogió. Esto significa que la proporción de empleos de calidad y alta productividad dentro de la estructura laboral se desplomó del 55.4% al 46.2%. Este vaciamiento del empleo formal y estable plantea una seria contradicción con el relato de optimismo gubernamental.
Si se destruyeron cerca de 145,000 puestos plenos, ¿cómo es posible que el desempleo haya bajado?
La tasa de desempleo bajó artificialmente porque las personas que perdieron sus puestos formales no se quedaron desocupadas en las encuestas; se vieron obligadas a aceptar salarios más bajos o por debajo del salario mínimo.
Y es que, según el informe del INEC de agosto de 2026, el subempleo invisible se disparó de 213,370 a 413,155 personas —y esto no lo digo yo, lo dice el informe—. En el cuerpo del informe oficial, dentro del apartado destinado a detallar las “diferentes categorías de subempleo”, el texto del INEC indica de forma explícita lo siguiente:
“…se registraron aumentos en las diferentes categorías de subempleo… el invisible [pasó] de 213,370 a 413,155 personas, con una variación de 20.2%”.
En consecuencia, el subempleo invisible por insuficiencia de ingresos aumentó del 10.8% al 20.2%, alcanzando a 413,155 trabajadores que laboran jornadas de 40 horas o más con salarios inferiores al mínimo legal. Este porcentaje del 20.2%, que cité textualmente del informe, se refiere al peso proporcional que este grupo alcanzó sobre el total de la población ocupada del país, mientras que el incremento neto del número de personas representa una subida del 93.6%. Este segmento, por sí solo, absorbió exactamente a 199,785 trabajadores adicionales. Lo alarmante del informe es que la masa de panameños que trabaja jornadas completas sin recibir siquiera el salario mínimo creció un 93.6% en tan solo once meses. En consecuencia, la desocupación no bajó por dinamismo económico, sino por la desesperación de la población para no caer en la indigencia.
El traspaso masivo de trabajadores desde el empleo pleno hacia el subempleo invisible, con ingresos iguales o inferiores al salario mínimo, deprime drásticamente la capacidad de consumo de la economía panameña.
Veamos: si asumimos una pérdida promedio conservadora de $300 mensuales en ingresos por cada trabajador afectado —al pasar de salarios profesionales o técnicos promedio de la clase media al salario mínimo de subsistencia—, la economía sufre una reducción mensual del flujo de efectivo de $43.49 millones, lo que se traduce en una contracción directa del gasto de consumo anual de aproximadamente $521.94 millones. Esta pérdida de ingresos tiene un efecto multiplicador negativo en los sectores de comercio y servicios, forzando a los hogares a reestructurar su presupuesto anual únicamente para cubrir la canasta básica de alimentos y los servicios públicos, recortando el gasto en otros bienes gravados con el ITBMS y reduciendo la recaudación fiscal del Estado.
La obsesión por exhibir una tasa de desempleo de un solo dígito lleva a ignorar que estamos convirtiendo a Panamá en un semillero de informales y subempleados. La pérdida de casi 145,000 empleos plenos tumba cualquier narrativa de éxito.
Los datos de la Encuesta de Mercado Laboral de agosto de 2026 confirman que el comunicado del INEC cuenta una verdad matemática, pero oculta una mentira social. Sostener que el mercado laboral progresa basándose únicamente en la reducción del desempleo al 8.5% constituye un análisis sesgado y peligroso para las proyecciones del MEF, al asumir que la incorporación de 77,231 nuevos ocupados impulsará vigorosamente la demanda agregada.
Y es que la visión optimista ignora la pérdida estructural de 144,985 empleos plenos y la masiva migración hacia el subempleo invisible, que alcanza a 413,155 personas, quienes, al percibir ingresos inferiores al salario mínimo legal, limitan estrictamente su gasto en consumo de bienes y servicios. En consecuencia, el MEF sobrestima el gasto anual y la recaudación fiscal asociada —como el ITBMS y el ISR—, construyendo un presupuesto general inflado sobre un poder adquisitivo inexistente en la clase trabajadora panameña.
El análisis riguroso de la Encuesta de Mercado Laboral de agosto de 2026, sin temor a equivocarme, deja al descubierto una preocupante desconexión entre la narrativa oficial y la realidad estructural de Panamá.
Mientras el gran titular gubernamental celebra con optimismo una reducción del desempleo al 8.5%, sugiriendo una sólida recuperación económica, el contenido profundo del informe del INEC devela una verdad diametralmente opuesta: el mercado laboral no se está fortaleciendo; se está precarizando.
Reducir el éxito de las políticas públicas a un único indicador de desocupación resulta no solo sesgado, sino peligroso, porque detrás de la reducción estadística de la desocupación se esconde la destrucción de 144,985 empleos plenos y la duplicación del subempleo invisible, que arrastra a más de 413,000 panameños a jornadas completas con menores ingresos.
El informe oficial, leído en su totalidad, no documenta el fin de una crisis ni la reducción del desempleo a un dígito, sino la institucionalización del trabajo precario en Panamá.
El autor es exministro de Trabajo y exdiputado de la República.


