Se hace notable la expectativa ciudadana ante la transición a un nuevo gobierno. Es usual que se abrigue la esperanza de tener mejores días para el país. Todos ansiamos que brille -y mucho- la estrella que nos prometieron. Me refiero, para aquellos que no siguen los eslóganes, de las campañas políticas, a la estrella que debe fulgurar en el firmamento de la agenda de políticas públicas de la administración entrante: la educación.
El panorama se esclarece y los astros se alinean: una hoja de ruta con legitimación política como el Compromiso Nacional por la Educación; un mecanismo de seguimiento e implementación de los acuerdos -el Consejo Permanente Multisectorial para la Implementación del Compromiso Nacional por la Educación (Copeme) - ; una designación técnica de una ministra de la cartera, y la conciencia ciudadana de que nuestra educación es una cenicienta que no logra convertirse en princesa. La oportunidad de oro para alcanzar una educación más justa, equitativa y de calidad para todos y todas, pareciera que no es una leyenda.
Nos encontramos en un punto de inflexión, que no permite más retrasos y excusas de por qué no suceden las cosas.
La necesidad de ejecutar los cambios se hace cada vez más evidente. Existen 37 políticas públicas y 241 líneas de acción es el resultado del Compromiso Nacional por la Educación, un acuerdo multisectorial entre los gremios docentes, el Ministerio de Educación, como un actor más, el Consejo de Rectores, los estudiantes, las oenegés educativas, el Consejo Nacional de Trabajadores Organizados y el Consejo Nacional de la Empresa Privada. El innovador aporte incluido en los acuerdos del Diálogo se cimenta en que los propios encargados de dar seguimiento y monitoreo a su implementación son quienes lo consensuaron. El Copeme es un organismo aprobado por ley en noviembre de 2018.
La mejora de la educación no resiste una espera pasiva, fundamentada en la esperanza y en las buenas intenciones. Es inaceptable que el lugar donde naces determine la calidad de educación que recibes, como nos dice incansablemente nuestra mentora, y Nivia Castrellón Echeverría. Es una violación a los derechos humanos que el primer derecho habilitante sea una quimera para muchos niños.
Las 19 Propuestas para el 19, aporte de los egresados del Laboratorio Internacional de Incidencia Ciudadana, respaldados por Jóvenes Unidos por la Educación, incluyen, entre sus sugerencias, la garantía del funcionamiento efectivo del Copeme, dotándolo de los recursos indispensables para ello.
Proponemos, asimismo, un modelo eficaz y descentralizado de gestión administrativa; nuevos estándares de gestión de recursos; conocimientos y competencias mínimas de aprendizaje, y la creación de la Agencia de Medición de la Calidad y Equidad de la Educación, en el primer año de gobierno.
Somos conscientes de que las propuestas no deben ser estrellas aisladas, sino constelaciones que guíen el firmamento de esperanza de cada trayectoria escolar de los niños, niñas y jóvenes de todo el país. Una educación incluyente y de calidad es posible. Alineemos los planetas y las estrellas, desechemos los prejuicios y estereotipos y hagamos de la educación una constelación brillante, no solo una estrella solitaria, y mucho menos una estrella fugaz.
El autor es miembro de Jóvenes Unidos por la Educación
