Si el presidente Laurentino Cortizo sabe contar, que no cuente con el respaldo de la Asamblea Nacional para cumplir su promesa de derogar las leyes 122 de 2019 y 314 de 2022, que otorgan créditos fiscales a los inversionistas de proyectos turísticos que se desarrollen fuera del distrito de Panamá. Por su parte, el pequeño -pero aún suertudo- conjunto de inversionistas y promotores ya notó la falta de compromiso de los diputados y allá fueron, donde sus amanuenses, a pedir que rechacen el proyecto 844, que presentó el ministro de Comercio para dejar sin efecto las famosas leyes.
En ese contexto, la Asamblea llevó a cabo una “audiencia pública televisada” el pasado jueves, para darle una tribuna a los empresarios beneficiados con las leyes que ahora el Ejecutivo quiere eliminar. Allí, como si se tratara de una realidad paralela, se oyeron voces como las de los diputados oficialistas Ricardo Torres y Ariel Alba, que no dudaron en cerrar filas en defensa de las leyes 122 y 314, porque -según ellos- el proyecto 844 atenta contra la inversión extranjera, la estabilidad de miles de empleos y la seguridad jurídica -aquí lo único que es seguro, después de las camisas hechas a la medida de Etelvina de Bonagas, es que a ellos la seguridad jurídica les importa poco-. Uno de ellos incluso se preguntó por qué tenía que votar para eliminar una ley que él mismo apoyó meses atrás, “solo porque Apatel no está de acuerdo”. ¿Dónde estaban Torres, Alba y sus bravuconerías cuando la gente estaba en la calle, pidiendo la derogación de esas normas? ¿Por qué no salieron en ese momento para decir que, si fuera por ellos, esos beneficios se mantendrían en vigor? Dentro del hemiciclo se conducen como si tuvieran superpoderes, pero hace tres semanas, cuando en la calle sobraba la kriptonita, ninguno fue a alardear del voto con el que respaldaron los disparates que tienen disgustada a la población. En la madriguera legislativa, Alba, por un lado, llegó a decir que nos vendieron muy bien un mal mensaje, y que esa mentira repetida se convirtió en una aparente realidad; mientras, Torres, poniendo en práctica lo señalado por su colega, le imputaba al Ejecutivo la paternidad de la propuesta que se convirtió en la Ley 122, cuando la verdad es que fue presentada por otro diputado, nada menos que Raúl Pineda. ¿Qué será tan brillante, que los encandila tanto?
Sin duda, fue muy romántica la iniciativa de la audiencia televisada, pero, ¿dónde estaba la contraparte? ¿Acaso no han aprendido nada de lo ocurrido en Penonomé, donde hay quejas porque solo se sentó a la mesa de diálogo a tres alianzas y no a todos los sectores productivos del país? En esta audiencia televisada solo convocan a los presuntos inversionistas, y no a los que pretendían que pagaran la cuenta de sus prebendas. Por eso es que estamos como estamos. Y en un año, saldrán a pedir el voto como si nada.


