¿Qué se supone que haga un instituto para la “formación y aprovechamiento del recurso humano”? Las cifras asociadas a figuras políticas y sus adláteres que han sido reveladas los últimos días demuestran que lo que más pesa en esa institución, es el “aprovechamiento” de los recursos (del Estado). Y no en el mejor sentido de la expresión. Dentro de la jungla estatal, el Ifarhu se ha revelado como un pantano plagado de selectas sanguijuelas que han encontrado la forma de chupar la sangre de las arcas públicas.
Aunque es una práctica nada nueva, cada año se ha hecho más costosa. Estamos hablando de una entidad que hace 20 años tenía un presupuesto de “apenas” $39.6 millones. Poco a poco, esa cantidad se fue inflando. En 2010, cuando se estrenaba el gobierno de Ricardo Martinelli, llegó a manejar $145 millones. Ya todos sabemos por qué de ahí en adelante se adjudicaron cifras exorbitantes y vimos cómo, cuatro años después, en la efervescencia de la campaña electoral, esa cantidad se multiplicó a $304.3 millones. ¿Acaso vimos que en cuatro años se doblara la cantidad de estudiantes graduados en el extranjero? Seguramente el número de egresados no creció en la misma proporción que las mansiones, las cuentas secretas y los yates de muchos miembros de ese gobierno. Y así llegamos hasta 2023. El presupuesto solicitado para ese año es de $420.5 millones; de esa cantidad, $368.1 millones será para el pago de “becas de asistencia educativa y auxilio económico”. Esto último, que es como una mentira mal contada, es lo que recibió la hija de Zulay Rodríguez. La diputada ha dicho que “ni sumando mi salario neto por cinco años podría haber cubierto la totalidad” de lo que cuestan los estudios universitarios de su hija. Pero en 2018, cuando era precandidata presidencial en las elecciones internas del PRD, reportó que ella misma había donado poco más de $100,200 a su propia campaña. O sea, se gastó semejantes cantidades haciendo política partidista, pero no podía destinar $60 mil a la educación de su hija. El Ifarhu, en lugar de abrir una investigación seria, lo que ha hecho es sacar videos y mensajes banales, y -como si fuese poca cosa- advirtió que el “auxilio” a esta promesa del tenis cubre solo el 25% del costo total de la carrera, pero hasta en eso se equivocaron ya que, según las cifras que ellos mismos manejan, la cobertura es del 33%. Y todavía no han dicho nada de la sobrina y otros allegados a la diputada que también recibieron auxilio del Ifarhu. Algunos, incluso, buscan firmas a favor de sus aspiraciones políticas y ni eso saben hacer bien, porque ella encabeza el ranking de firmas anuladas por el Tribunal Electoral. Como la Asamblea es la única entidad donde sus autoridades preguntan descaradamente “qué hay pa’ mí”, era cuestión de tiempo que se conociera que Zulay no es la única. También fueron auxiliados la hijastra de Yanibel Ábrego y el hijo de Roberto Ábrego, éste último por $190 mil, según el sitio digital Foco. Está claro entonces que el Ifarhu funciona como si tuviera un Departamento de Operaciones Estructuradas y una Caja 2. Solo le falta un delator.

