Según los abogados de Luis y Ricardo Martinelli Linares, sus condiciones en el Metropolitan Detention Center (MDC) de Brooklyn son “inhumanas”, encerrados hasta 22 horas diarias y pasando varios días antes de tomar un baño. Pero la vida -como dijo Rubén- “te da y te quita, te quita y te da”, así que, irónicamente, las cosas mejorarán ahora que han sido condenados, ya que serán trasladados a un centro masculino de detención de baja seguridad en Allenwood, Pensilvania. Actualmente alberga 1,018 detenidos adultos, repartidos en un campo con varias unidades de vivienda; es una especie de conjunto residencial. Allí todo parece bastante apacible: iniciarán sus días a las 5:00 a.m.; el desayuno estará listo a partir de las 6:00 a.m., y deben tener arregladas sus camas a las 7:30 a.m. De lunes a viernes, el almuerzo se sirve de 10:45 a.m. a 12:00 p.m. y la cena a partir de las 4:00 p.m., con opciones bajas en azúcar, grasas y sodio, como en todas las prisiones estadounidenses. Los fines de semana y feriados hay brunch. De 7:15 a.m. a 4:00 p.m., los internos desempeñan alguna labor en el penal (establecida conforme a su experiencia, educación y habilidades) y se les paga entre $0.23 a $1.35 por hora, que se depositan en un trust fund o pueden utilizarlos en el comisariato, hasta un máximo de $320 al mes. También hay horario para el gimnasio, servicios religiosos, psicólogo, programas educativos y de rehabilitación de drogas y alcohol, barbería y clases de cerámica, pintura o música, entre otras amenidades.
El Buró de Prisiones no planea ser un espectador pasivo en la vida de sus nuevos huéspedes, sino hacerlos personas más disciplinadas y respetuosas de la ley. En Allenwood, cada detenido tiene permiso para hablar por teléfono hasta 300 minutos al mes, todas las comunicaciones podrán ser grabadas -salvo aquellas que sostengan con sus abogados- y en ellas no podrán tratar temas de negocios, amenazas, extorsiones o cualquier asunto al margen de la ley, lo que probablemente hará difícil que en la lista de sus futuros interlocutores -no más de 30- se cuente al pariente cercano que, según ellos mismos, los alentó a delinquir.
Algo semejante sucederá con las comunicaciones electrónicas. No podrán intercambiar mensajes con víctimas, testigos, agentes y “cualquier otra persona ligada a su historial criminal”. La correspondencia será inspeccionada y aquella que atente contra la seguridad y el orden en el penal, o esté relacionada a negocios personales y actividades ilícitas, no les será entregada y podría ocasionar cargos criminales.
Podrán recibir entre 6 a 12 visitas al mes, los viernes, sábados, domingos y feriados, entre las 8:00 a.m. y las 3:00 p.m. Definitivamente, no será fácil hacer la lista de personas autorizadas para visitarlos porque, como el Buró verificará sus antecedentes, no tendría sentido incluir a algunos familiares cercanos que no desean acercarse a ningún oficial federal o que no resisten ver una instalación penitenciaria de Estados Unidos, ni siquiera en un capítulo de Law & Order: Criminal Intent.

