[ALIMENTOS TRANSGÉNICOS]

¿Es bueno todo lo que reluce en el arroz dorado?

En las turbulencias del siglo de la ‘gran prueba’, poner nuestra alimentación bajo el control oligopólico de megaempresas es todo menos una buena idea.

¿Es bueno todo lo que reluce en el arroz dorado?
¿Es bueno todo lo que reluce en el arroz dorado

La complejidad de la alimentación humana en un mundo rasgado por la fractura norte-sur, dominado por megacorporaciones y enfrentado a una crisis socioecológica global se pone de manifiesto en el caso del “arroz dorado”, una variedad transgénica creada por investigadores suizos que contiene cierta dosis de betacaroteno (sustancia precursora de la vitamina A).

Hay que reconocer que con esta planta estamos en un terreno de discusión distinto al de otras variedades transgénicas resistentes a herbicidas o productoras de toxinas insecticidas: aquí cabe debatir sobre un auténtico beneficio potencial para gentes desfavorecidas. Muchos millones de personas en todo el mundo no ingieren suficiente vitamina A; según la Organización Mundial de la Salud, para 2.8 millones de niños menores de cinco años la falta de vitamina A es tan grave que produce ceguera.

¿Podría este arroz enriquecido ser una solución? La industria biotecnológica emprendió ya hace lustros una intensa campaña de relaciones públicas para convencer al mundo de que, por fin, llegan los cultivos transgénicos “buenos”. Es cierto que desde el año 2000 “el arroz dorado ha funcionado como pararrayos en la batalla en torno a los cultivos transgénicos”. Para la industria se trataba de una escaramuza de contención de daños que se jugaba en el plano de la aceptabilidad política. No es la primera vez que llaman “asesinos” a los colectivos ciudadanos y ecologistas que se oponen a los cultivos y alimentos transgénicos, pero en esta ocasión el grito ha resultado estridente: una carta firmada por más de cien premios Nobel que ha sido ampliamente publicitada en el mundo entero.

Sin embargo, e incluso dejando de lado los posibles riesgos ecológicos (aún no investigados), y las incertidumbres sobre si el betacaroteno del “arroz dorado” podrá ser asimilado fácilmente por las personas (especialmente por los niños desnutridos a quienes se supone va dirigido), y si podrán ser transferidos los nuevos e inestables constructos genéticos a las variedades de arroz empleadas en los países pobres, y si las más de 70 patentes sobre pasos del proceso propiedad de multinacionales no supondrán en algún momento obstáculos insalvables para que las semillas estén a disposición de los más pobres, las cosas no son tan sencillas. ¿Por qué padece la gente en muchos países malnutrición, con carencias de vitamina A, C, D, hierro, yodo, zinc, selenio, calcio, riboflavina y otros micronutrientes? A causa de las dietas empobrecidas típicas de la agricultura de la “revolución verde”, que ha llevado a que hoy más de dos mil millones de personas tengan una alimentación menos diversificada que hace 40 años.

La pauta que aparece con la “revolución verde” es pérdida de calidad nutricional a cambio del aumento de cantidad y el incremento de desigualdad con las consiguientes carencias de micronutrientes. Por eso, apostar por una “nueva revolución verde” basada en plantas transgénicas no parece una buena solución al problema: la erosión genética y la pérdida de biodiversidad que conduce a la malnutrición continuarán; “enriquecer” las variedades transgénicas con uno o dos micronutrientes no resolverá el problema, ya que las carencias habitualmente son múltiples y cruzadas; las fuentes naturales de vitamina A abundan incluso en los países más castigados con esta carencia, lo que remite a soluciones más “culturales” que a cambios tecnológicos; sin abordar el problema de la pobreza, lo poco ganado en un terreno se manifestará como nuevo problema en otro.

Un enfoque racional lleva a aumentar la biodiversidad en los cultivos y la variedad en las dietas, más que a fiar en las promesas del “arroz dorado”. Un programa internacional se orienta a introducir entre los campesinos del África subsahariana –donde cientos de miles de niños menores de cinco años padecen ceguera por deficiencia en vitamina A– variedades de boniatos adaptadas al clima y los gustos africanos. Los boniatos son ricos en betacaroteno, y solo con incorporar pequeñas porciones de estas nuevas variedades a la dieta africana habitual se eliminan las deficiencias en vitamina A. Las soluciones más sencillas son preferibles a la agricultura high-tech: en esto, una noción clave es la de resiliencia.

Indicaba Pedro Prieto que “si en algún momento nuestra orgullosa civilización colapsase, los productos transgénicos que ahora se hacen prevalecer frente a las variedades tradicionales, sin el apoyo de la agroindustria, terminarán perdiendo la batalla de la supervivencia frente a estas. Lo mismo para todas las especies vegetales amañadas por aprendices de brujo de universidades, laboratorios y centros de investigación de grandes corporaciones, que no podrán ganar la batalla a campo abierto de las especies cuyo experto manipulador ha sido la naturaleza durante milenios”.


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