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Calenturas por las fiebres (I)

La fiebre de los niños siempre preocupa a los padres. Es, cual reacción refleja, una respuesta sin todas las respuestas. La segunda reacción es irse a un cuarto de urgencias y, hasta para eso, hay que tener suerte. Trataré de responder a cuestionarios frecuentes y resolver algunos.

La fiebre no es una enfermedad. Y, como no es una enfermedad, hay que tratar de descubrir qué enfermedad se manifiesta con fiebre, porque, como la tos, el estornudo, el dolor de garganta o “de barriga”, son síntomas; la fiebre también es solamente un síntoma. Cuando la causa de la fiebre se conoce, se trata la causa. Cuando se desconoce, se trata del malestar que causa la fiebre. No hay que salir corriendo a tratar la fiebre, pero tampoco se deja para el día siguiente.

La fiebre produce muchas y muchas molestias: dolor de cabeza, agotamiento, dolores de los huesos, náuseas, llanto, desesperación. La fiebre también estimula el sistema inmune para que responda de tal forma que, si se le permite actuar, acorta el tiempo de fiebre y de molestias. ¿Cómo se permite? Una forma que practicamos algunos pediatras es no dar medicamentos para la fiebre tan pronto aparece, sino hacerlo si es superior a los 38.5 ºC. Pero se trata la fiebre utilizando medios físicos. Uno de ellos, el agua. “Agua por dentro y agua por fuera”: tomar agua y bañarse. Esto también depende de la edad del niño y de cuánta molestia descubrimos que le producimos. Esta recomendación no suele ser bien recibida por los padres.

La fiebre no daña el cerebro. Hay familias donde sus miembros adultos han tenido, durante la niñez, convulsiones con enfermedades que producen fiebre, como la meningitis, y niños que convulsionan con fiebres de enfermedades de 2 o 3 días y nada serias, como la roséola, por ejemplo. Esto basta a muchas personas para concluir que la fiebre daña el cerebro.

Veamos: pacientes que sufren de epilepsia, por ejemplo, pueden convulsionar con fiebres. Esto no significa que las fiebres les produzcan la epilepsia. Por otro lado, es infrecuente sufrir convulsiones febriles en familias sin historia de convulsiones febriles. Es importante conocer la historia familiar porque, en los niños de estas familias, estaría indicado iniciar un manejo agresivo de las temperaturas elevadas para evitar convulsiones. Estas convulsiones febriles suelen no volver a ocurrir el mismo día, y tampoco después de los 6 años de edad. No dañan el cerebro.

Las fiebres no son graves, aún siendo importantes. La gravedad sí puede ser la de la enfermedad que produce la fiebre. Por ejemplo, la meningitis que inflama la fina cubierta del cerebro. La fiebre elevada en un bebé menor de 28 días de edad no es en sí grave; grave puede ser la causa de la fiebre en tan corta edad, por ejemplo, una infección urinaria, una infección en la sangre u, otra vez, una infección cerebral.

El significado de la fiebre varía según diversos factores, y uno de los más citados e importantes es el grupo de edad al que pertenece el niño con fiebre. No tiene el mismo significado una fiebre de 40 ºC en un bebé de 3 semanas que la fiebre de 40 ºC en un preescolar de 5 años de edad. El primer niño puede tener fiebre elevada porque, como ya se mencionó, tiene una infección de la sangre, del cerebro o de la orina causada por alguna bacteria. El segundo niño, seguro, tiene una infección adquirida de manos de otro niño, igualmente infectado, de su misma escuela o parvulario, y seguramente de origen viral.

Entonces, tenemos que reconocer que la fiebre en niños menores de un mes de edad es otra cosa. Por la posibilidad de infección bacteriana seria que se presenta con fiebre en un niño de 28 días o menor, es que ese niño tiene que ser evaluado de inmediato por un pediatra, ya sea en su clínica de atención o en un cuarto de urgencias. Ese niño muy probablemente sería hospitalizado para investigación, observación, tratamiento y educación a sus padres. Es cierto que ese mismo niño puede tener una alza térmica importante por una infección viral, producida por el virus que tienen varios otros miembros de la familia con la que vive, pero ese diagnóstico se discute solamente cuando se haya examinado al niño y el resultado de ese examen y algunos laboratorios sugieren que no hay una temida y seria infección bacteriana.

Además de la edad y el género, la intensidad y duración de la fiebre, lo difícil de controlarla por medios físicos y farmacológicos, los signos y los síntomas descubiertos al interrogatorio y examen médico, la historia o no de exposición a situaciones de riesgo de infecciones, las condiciones de salud y su historia de vacunaciones son todos elementos importantes para orientar la investigación y calificar la importancia de la fiebre en los niños. Sí es importante reconocer que los niños con riesgos altos de infecciones serias deben ser evaluados de forma integral y tratados agresivamente de forma inmediata, con antelación y hechas todas las consideraciones.

Las gargantas rojas necesitan antibióticos. ¡No!


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