En una de las escenas de Hamlet, que se desarrolla en la explanada del palacio de Elsingor, el príncipe escucha a su centinela pronunciar la frase: "algo huele mal en Dinamarca". La frase se emite antes de la aparición del fantasma del rey de Dinamarca, quien informaría a su hijo que acababa de ser asesinado por su hermano Claudio. El Bardo de Avon no sabe cuán acertado estaría siglos después.
Danske Bank, el banco más grande de Dinamarca, un pequeño país miembro de la OCDE y de la Unión Europea, convirtió su sucursal en Estonia (otro país pequeño miembro de la Unión Europea y de la OCDE) en un centro industrial para el blanqueo de capitales.
El diario The Wall Street Journal reporta, el día 19 de septiembre de 2018, que dicho banco lavó -entre 2007 y 2015- la friolera de $234 mil millones. Sí, escuchó bien. DOSCIENTOS TREINTA Y CUATRO MIL MILLONES DE DÓLARES. Imagínense, el producto interno bruto (PIB) de Estonia es de aproximadamente $23 mil millones solamente y el de Dinamarca $303 mil millones.
Como dice Idafe Martin del Clarín de Argentina (¡Grande, Cerati!) en su titular, con fecha 20 de septiembre de 2018, “Un pequeño banco en Estonia, eje de una de las más grandes operaciones de lavado de dinero de la historia”. Continúa el periodista: “El flujo de dinero es tan grande que el banco reconoce en su informe que no es capaz de determinar con exactitud el número de transacciones sospechosas, pero tras estudiar 15 mil cuentas sí acepta que la mayoría de los 6 mil 200 clientes de riesgo eran sospechosos”. Como que alguien se quedó dormido al volante, ¿no? ¿No que esto es la Unión Europea y no una islita en el Caribe? ¿Se lavaron 10 veces el PIB de ese país y nadie vio nada? Señores Gurría y Saint Amans de la OCDE, ¿creen que hayan pagado impuestos esos fondos? ¿Señores del GAFI, algún comentario? Gaznápiros.
Sobre el traslado de efectivo que se da en Andorra y que comenté hace unos días, les parafraseo la noticia aparecida el 24 de mayo de 2018 en el diario La Información de España: Este nuevo servicio bancario era mucho más pedestre. Sus beneficiarios simplemente tenían que ordenar transferencias desde sus cuentas en el banco suizo hacia entidades bancarias en Andorra. Desde sus oficinas en Andorra salía el efectivo por carretera y se reintroducía en España para llegar hasta los bolsillos de los defraudadores en la ciudad de Barcelona. Bueno, era de esperarse son culés. Hala Madrid.
Pocas marcas se identifican con España como El Corte Inglés. Joder tío, más español que eso, no. No obstante, informa el diario El Confidencial de dicho país, con fecha 20 de septiembre de este año, que: El Corte Inglés es una empresa que depende de la economía española, donde tiene el 98% de sus centros comerciales. Sin embargo, para financiarse, el grupo de grandes almacenes ha emigrado a Irlanda, donde los inversores cuentan con una fiscalidad más laxa para comprar acciones o títulos de renta fija. Así es el capitalismo: las empresas buscarán el lugar donde más le convenga hacer negocios, y en este caso ha preferido ir a Irlanda un miembro de la Unión Europea y de la OCDE que no ha parado de hacer negocios con sus impuestos bajos diseñados para atraer inversión extranjera. Algo que, si lo hace Panamá, les da un berrinche a los burócratas de la OCDE. Bufos.
Finalmente, acabo de leer un mensaje en Twitter del ICIJ (Consorcio Internacional de Periodistas que publicó los Panama Papers que tanto daño nos han hecho) en que atribuyen al director Markus Meinzer del Tax Justice Network (TJN) las siguientes palabras: “Alemania provee el doble de servicios financieros secretos a Holanda que la infame Panamá”. Alemania, la siempre pulcra y correcta Alemania. ¿A ver qué dicen los señores de la OCDE o de la UE ante esta afirmación del TJN? Nada. No dirán nada. Aciagos.
El autor es abogado
