La mayoría de nosotros tiene la suerte de dar por sentado el saneamiento básico, como disponer de agua corriente e inodoros. Pero 2 mil 500 millones de personas –casi la mitad del mundo en desarrollo– carece incluso de una letrina rudimentaria, y mil millones hace parte de sus necesidades fisiológicas al aire libre.
En Panamá, 392 mil habitantes de las áreas rurales aún carecen de saneamiento básico, y en toda Latinoamérica esto afecta a más de 100 millones de personas. Además, 750 millones de personas en todo el mundo no tienen acceso a ningún tipo de fuente elemental de agua potable. Cada día, 136 millones de habitantes en zonas urbanas pasan más de 40 minutos recolectando agua, y 600 millones de habitantes de áreas rurales usan más de una hora para buscarla. En Panamá, 119 mil ciudadanos aún carecen de acceso elemental a esta, situación que comparten con otros 37 millones en Latinoamérica.
La buena noticia es que podemos hacer algo. En los últimos 25 años, más de 2 mil millones han obtenido acceso a mejor calidad de agua, y casi 2 mil millones al saneamiento.
Por otra parte, resulta que invertir un dólar en el saneamiento básico representa tres dólares en beneficios. El abastecimiento de agua en el hogar generaría aún más bienestar. Cada dólar que se gaste en ese fin representa cuatro dólares en beneficios. Deshacerse de la defecación al aire libre supone un beneficio de seis dólares por cada dólar gastado.
¿Cuál es la justificación para priorizar el agua potable y el saneamiento? El beneficio más evidente se traduce en una mejor salud. Proporcionar incluso letrinas e instalaciones básicas para lavarse las manos, implicaría un gran impacto en las enfermedades infecciosas transmitidas por el agua que podrían ser mitigadas. Las principales y más mortíferas son las que causan diarrea, como el cólera y otras de tipo viral, responsables de un importante número de muerte, sobre todo entre los niños pequeños. Los adultos infectados por lo general están demasiado enfermos como para trabajar, y los niños mayores no estarían en condiciones de asistir a la escuela.
El otro gran beneficio es el ahorro de tiempo. El análisis de los objetivos básicos de abastecimiento de agua y saneamiento presume que la gente en las aldeas rurales ya no tendría que pasar una hora diaria recolectando agua, sino que el tiempo se reduciría en 20 minutos. En las zonas urbanas –que continuarán creciendo rápidamente en las próximas décadas– se espera que la gente reduzca a la mitad el tiempo necesario para recoger el agua, de 40 a 20 minutos.
Dado que habrá mil millones de personas más en el mundo en los próximos 15 años, conseguir agua y saneamiento para todos requerirá un esfuerzo considerable. Sin embargo, un equipo de economistas del Banco Mundial estima que la provisión de saneamiento para más de 3 mil millones de personas, costará alrededor de $31 mil millones anualmente. Este es el costo de proveer soluciones de tan bajo costo como letrinas secas en áreas rurales e inodoros con descarga a una fosa séptica en las áreas urbanas, compartidos por menos de 30 personas. No obstante, los beneficios ascenderán a cerca de $92 mil millones por año, tres cuartos de esta cantidad representan beneficios en tiempo, y el restante cuarto, a la salud. Esto significa que cada dólar invertido en saneamiento se traducirá en tres de ayuda a los más vulnerables del mundo, medido en mejor salud y menos tiempo perdido.
Proporcionar mejor agua a 2 mil 300 millones de personas costará $14 mil millones por año. Esto no significa una red de suministro corriente según la norma del mundo industrializado para todos los hogares, sino simplemente proporcionar una fuente comunitaria protegida, como un pozo, manantial, o agua de lluvia recolectada a la que se puede llegar en 30 minutos o menos. Otra vez, creará beneficios mucho mayores con menos enfermedades, muertes y menor pérdida de tiempo. En general, los beneficios se estiman en $52 mil millones por año, de manera que cada dólar gastado generará cuatro de beneficios.
En resumen, se justifica invertir en la mejora del abastecimiento de agua y el saneamiento. Esto ayudaría a la mitad de la población mundial y beneficiaría, sobre todo, a los más pobres. El argumento económico es tan fuerte como el moral.
