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La campaña de odio contra Hillary Clinton

La campaña de odio contra Hillary Clinton
La campaña de odio contra Hillary Clinton

No creo que en la historia de Estados Unidos (EU) se haya gastado más tiempo y dinero con el objeto de desprestigiar a una figura política, como se ha hecho con Hillary Clinton. Hace 25 años que dirigentes del Partido Republicano, con sus tinterillos pagos, desataron una campaña de odio contra la esposa de Bill Clinton. Dicha campaña comenzó a inicios de 1990 con tinterillos como R. Emmett Tyrell, Jr., quien ha escrito incontables artículos y cuatro libros contra la pareja Clinton. Cuando Tyrell logró que el magnate republicano Richard Mellon Scaife contribuyera con $2.4 millones a la campaña, esta se denominó oficialmente, The Arkansas Project. Hoy día es imposible determinar cuántos millones diarios están gastando para desacreditar a Hillary entidades con capital privado, como The Washington Free Beacon, America Rising, Burning Glass Consulting y Citizens United (http://www.theatlantic.com/magazine/archive/2015/03/among-the-hillary-haters/384976).

Por otra parte, congresistas republicanos no han tenido reparos en usar el dinero del Estado, o sea pagado por los contribuyentes, para financiar una cacería singular: investigar a Hillary Clinton hasta encontrar alguna ilegalidad que hubiese cometido. Diversas comisiones comenzaron con la actuación de Hillary Clinton como abogada en el estado de Arkansas en un proyecto denominado Whitewater, terminando con algo muy distinto: el encausamiento del presidente Bill Clinton por aseveraciones que hizo en cuanto a sus relaciones con Monica Lewinsky. Recientemente, nuevas comisiones investigaron la actuación de Hillary como secretaria de Estado en la tragedia de Benghazi, donde murieron el embajador Chris Stevens y cuatro miembros de su comitiva. Se calcula que en las diversas “investigaciones” que tuvieron su origen en el proyecto Whitewater, los congresistas gastaron más de $80 millones. En las investigaciones de Benghazi se gastaron más de $30 millones sin poder comprobar alguna culpabilidad de Hillary Clinton (http://edition.cnn.com/ALLPOLITICS/stories/1999/04/01/counsel.probe.costs; http://www.thefiscaltimes.com/2016/07/05/Investigating-Clinton-How-Many-Millions-Were-Spent-Email-Benghazi-Probes).

Además, hay otra entidad que ha perseguido a Hillary Clinton desde 1994. Judicial Watch, alimentada con capital privado republicano, inclusive $7.74 millones del conocido Richard Mellon Scaife, mantiene viva la campaña de desprestigio contra Hillary, mediante asedios y demandas legales que han costado una fortuna tanto al Gobierno de EU como a la pareja Clinton en su defensa. Últimamente, Judicial Watch, no contento con la determinación del FBI de no proceder legalmente contra Hillary en cuanto al uso de un server privado cuando fue secretaria de Estado, investiga las relaciones entre Hillary cuando ocupaba ese alto cargo y la fundación Clinton (http://www.judicialwatch.org/press-room/press-releases/judicial-watch-uncovers-new-batch-hillary-clinton-emails; http://www.theatlantic.com/politics/archive/2016/08/tracking-the-clinton-controversies-from-whitewater-to-benghazi/396182/).

Otro enemigo de Hillary Clinton es Rupert Murdock, propietario de la cadena de televisión Fox Network, que no pierde ocasión para desacreditar a Hillary, inclusive diseminando rumores infundados de que esta sufre una afección del sistema neurológico (http://www.realclearpolitics.com/video/2016/08/14/cnns_brian_stelter_sean_hannity_irresponsibly_spreading_conspiracy_theories_about_hillary_clinton_health_problems.html).

A estos esfuerzos por derrumbar la candidatura presidencial de Hillary Clinton se unen nada menos que aparatos de inteligencia del Gobierno ruso de Vladimir Vladimirovich Putin y el fundador de Wikileaks, Julian Assange, ambos conocidos por el odio que le tienen a Hillary. Efectivamente, expertos cibernéticos aseguran que agentes de los servicios de inteligencia rusos son responsables por el hackeo de los archivos del Partido Demócrata que han sido transmitidos en diversas ocasiones por Wikileaks con el objeto de comprometer a la candidata presidencial.

Entre los miembros del Partido Republicano que más se han destacado por el odio que diseminan contra Hillary está el exalcalde de Nueva York Rudolph Giuliani, quien no la perdona, porque en las elecciones para senador de Nueva York en 2000, poco antes de que escándalos personales y motivos de salud causaran la renuncia de Giuliani, la candidata triunfante, Hillary Clinton, le llevaba 10 humillantes puntos de ventaja.

Hoy día, cada ocasión en que Donald Trump en sus arengas grita “Crooked Hillary” (“Hillary deshonesta”), y sus seguidores corean “Lock her up!” (“¡Que la metan en la cárcel!”) es prueba de que el dinero y tiempo invertidos en la campaña de odio contra Hillary Clinton sigue produciendo grandes dividendos. Por mientras, en las encuestas, Hillary le lleva a Trump otros 10 puntos humillantes de ventaja en varios estados.

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