El desarrollo de la ciencia en Panamá y en el mundo no tiene una perspectiva estática, sino que, al contrario, el desarrollo de la ciencia es un proceso dinámico, que nace del contraste de ideas, donde los resultados de investigaciones dan como resultado que los antiguos paradigmas sean reemplazados por nuevos paradigmas. En la ciencia, las teorías tratan de explicar hechos, lo que las transforma en un motor de cambio y búsqueda de respuestas.
En este sentido, una de las teorías que mayor contraste ha tenido a lo largo de los últimos 100 años ha sido la “Teoría de la evolución” del científico inglés Charles Darwin, que básicamente busca explicar que la diversidad de las especies de seres vivos actuales procede de ancestros comunes que han evolucionado a través del tiempo dentro de un activo proceso de selección, entre otros elementos teóricos que se enmarcan dentro de esta interesante teoría. Es importante aclarar que una teoría no es una ley, que en el sentido de la ciencia una ley se trata de un hecho que sucede, como por ejemplo la “Ley de la gravitación universal” de Isaac Newton en la física, mientras que una teoría trata de explicar un determinado fenómeno o proceso.
El tema central es que Charles Darwin no llegó a su conclusión de la noche a la mañana, sino como resultado de un largo trabajo de observación y compilación de información de campo, y de hecho, para la misma época de Darwin, otros investigadores llegaron a conclusiones relacionadas, como es el caso, por ejemplo, de la “Teoría de la evolución por selección natural” de Alfred Russel Wallace.
Charles Darwin vivió durante 73 años en el siglo XIX y su teoría fue el resultado de recorridos a nivel mundial a bordo de la embarcación “HMS Beagle”, donde tuvo la oportunidad de visitar localidades de tierra firme e insulares en América, África y Oceanía. A partir de los aproximadamente 5 años de recorrido, Darwin logró compilar y asociar la información, en una época sin computadoras ni inteligencia artificial, asociada a especímenes vivos y fósiles de animales y plantas, que lo llevaron a concluir que existía de alguna manera una relación entre los seres vivos y el proceso natural de selección asociado a la evolución de las especies, que quedó plasmado en libros tales como “El origen de las especies”, “El viaje del Beagle”, “La descendencia de las plantas”, entre otros.
Los aportes de Darwin se evidencian actualmente en nuestra sociedad en avances en biología molecular, genética, medicina, ecología, agricultura, paleontología y botánica, entre otras ciencias del conocimiento humano. La realidad es que los aportes de la teoría no se han generado porque la teoría sea perfecta o la verdad definitiva, sino más bien porque ha sido el motor de impulso a la investigación para corroborar o refutar su planteamiento, dando como resultado la generación de conocimiento.
Los detractores de Darwin solo se basaron en que él planteó que existía una cercanía ancestral o de origen común entre los monos y humanos, relación que ha sido demostrada al analizar el ADN de hombres y chimpancés que comparten el 96% del ADN. Pero lo más interesante es que se ha demostrado ampliamente que compartimos información genética con otros seres vivos.
La teoría de la evolución de Darwin, como aporte social, nos hace reflexionar que lo que nos hace realmente diferentes al resto de los seres vivos es que somos seres que hemos desarrollado una alta capacidad de organizarnos en grandes poblaciones y pensar de manera crítica para la toma de decisiones a partir de la generación de conocimiento a través de la ciencia, pero que al final debemos comprender que compartimos este mundo con otros seres vivos con los cuales guardamos una estrecha relación, lo cual nos debe hacer conscientes de la necesidad de convivir con nuestro medio ambiente de una manera más sostenible y resiliente.
El autor es profesor especial de la Universidad de Panamá, Centro Regional Universitario de Los Santos

