Si bien el afán de China por Taiwán viene desde 1949, tras la guerra civil china, como resultado del conflicto entre los comunistas, liderados por Mao Zedong, y los nacionalistas del Kuomintang, liderados por Chiang Kai-shek, después de la victoria comunista, los nacionalistas se exiliaron y refugiaron en la antigua isla de Formosa (Taiwán).
Dicho afán se ha intensificado con el tiempo, pero en los últimos años lo ha hecho de manera exponencial. El acoso chino no ha dado tregua: desde el envío constante de cazas, bombarderos y drones cerca del espacio aéreo de Taiwán hasta el despliegue de buques de guerra y la realización de innumerables ejercicios militares frente a las costas de la isla, con el objetivo de intimidar, analizar y desgastar las defensas taiwanesas.
La guerra sucia por parte de China no solo consiste en maniobras militares y bloqueos diplomáticos, sino que, en esta era digital, también se ha encargado de realizar ciberataques incesantes contra hospitales, bancos, redes energéticas e instituciones del Estado taiwanés.
El interés estratégico de China se ha dado principalmente por tres motivos:
Por considerar siempre a Taiwán una “provincia rebelde” y querer sostener la política de “una sola China”.
Tomar el control completo de la isla y del estrecho de Taiwán.
Hacerse con la importante e indispensable industria de los chips y semiconductores, entre los más avanzados del planeta.
Xi Jinping ha amenazado reiteradas veces con “reunificar China” de una manera matonesca, como un buen dictador, y ha planteado como fecha tope el año 2049, cuando la República Popular China cumpliría 100 años de su fundación, un siglo después de aquel 1949 en el que, fatídicamente, Mao Zedong proclamó en la plaza de Tiananmén el nuevo Estado comunista, tomando el control y el poder de China continental.
Con el paso del tiempo, Taiwán ha ido creando su propia identidad. Ya no se hacen llamar chinos, sino taiwaneses, pasando un poco la página de la confrontación sobre cuál es la verdadera China: la República de China o la República Popular China.
China ha intentado durante años aislar diplomáticamente a Taiwán, aprovechándose de su crecimiento exponencial y de su hegemonía asiática durante los últimos 30 años. Bloquea su ingreso a organismos internacionales, presiona a países para que rompan relaciones con Taipéi y rechaza y amenaza ante cualquier reconocimiento diplomático de la isla.
Taiwán ha tenido una importante relación y presencia diplomática en América Latina, quizás no la presencia que se quisiera, pero sí una muy importante dadas sus circunstancias. Y no solo ha sido importante para Taiwán, sino también para los países con los que ha mantenido relaciones. Actualmente, Paraguay y Guatemala reconocen a Taiwán, pero hasta hace pocos años eran más. La presión china no ha cesado. Algunos de los que reconocían a Taiwán eran Panamá (hasta 2017), El Salvador y República Dominicana (hasta 2018), Nicaragua (hasta 2021) y Honduras (hasta 2023). Muchos de ellos recibieron donaciones de Taiwán, como equipos médicos, ambulancias, dotación e inversión en hospitales, becas educativas y tecnología agrícola, entre otros aportes.
Actualmente, son 12 los países del mundo que reconocen a Taiwán, debido, según el autor, a las amenazas de China. Sin embargo, la mayoría de los países comercia con Taiwán por su capacidad e importancia estratégica, y las grandes potencias se encuentran entre las más interesadas.
La importancia de Taiwán para el mundo no debe pasar desapercibida. La isla es el mayor productor de chips avanzados del planeta, con más del 90% de la producción, y concentra el 60% de la fabricación mundial de semiconductores. Es un proveedor estratégico y confiable, cosa que, a juicio del autor, no ocurriría con China si tuviera el control de una industria tan importante.
El mundo debe estar alerta ante las constantes amenazas de China contra la soberanía y la integridad territorial de Taiwán. No se debe permitir, bajo ningún concepto, que China tome el control de Taiwán, no solo por la paz regional en Asia, sino por la estabilidad mundial. Es aquí donde Estados Unidos y Japón deben cumplir su palabra y ser los garantes de que Taiwán prevalezca.
Este artículo se lo dedico a la familia Chen, quienes han sido, son y serán siempre mi familia.
El autor es miembro del Comité Directivo de la Red Latinoamericana de Jóvenes por la Democracia.


