Muchos jóvenes no tienen en su memoria el valor histórico del general Dwight D. Eisenhower, quien fue el presidente número 34 de Estados Unidos. Desde que entregó el poder a John F. Kennedy, ciertos pasajes de su gestión fueron olvidados y solo se destaca su acción en la Segunda Guerra Mundial, donde fue comandante supremo de los aliados en Europa.
Pero hay algo trascendental que Eisenhower reveló en la televisión cuando se despidió de su cargo en 1961, lo que fue quizás encubierto en esta tierra que se jacta de ofrecer y amparar las libertades del mundo.
Yo, estadounidense por adopción, un país por el que juré lealtad, tengo la obligación de recordarles a los ciudadanos de esta nación y del mundo, el preciso momento en que Eisenhower alertó del peligro que corría la humanidad frente al suprapoder secreto.
Eisenhower, entre otras revelaciones, dijo: “Nos hemos visto obligados a crear una industria armamentista permanente de inmensas proporciones. La total influencia económica, política e incluso espiritual se deja ver en cada ciudad, en cada cámara legislativa, en cada despacho del gobierno federal”.
Los ciudadanos estadounidenses y de otras naciones fueron condenados a pagar un costoso precio cobrado por los que viven de la guerra. Miles de soldados murieron (muchos afroamericanos e inmigrantes) y millones de civiles fueron masacrados en guerras planeadas y por razones inventadas e inexistentes.
Para los historiadores es más sensible rememorar a los judíos asesinados por los nazis y los crímenes cometidos contra los afroamericanos en la segregación, que enseñar en las escuelas, además, que Eisenhower advirtió sobre un gran complot de la industria militar en el Estado, que llevaría al mundo a librar muchas batallas, algunas sin fin.
Aunque suene a elucubraciones conspirativas, Eisenhower estaba en sus cabales y señaló a los culpables, y ha sido evidente que después de esa advertencia los traidores lograron su objeto con guerras malvadas: Vietnam, la del Golfo, la guerra contra el terrorismo, y todas sus consecuencias y sus anexos.
Aquí lo vergonzoso es la confabulación del pueblo estadounidense al guardar silencio, porque un “buen americano” oculta y es cómplice por omisión o acción de los actos malos del gobierno o de las fuerzas oscuras que están detrás de él, justificándose en que protegen la seguridad nacional.
Para evitar que se conozca la verdad, hay una coacción encubierta que persigue, anula a quienes se oponen o denuncian. El concepto de libertad en Estados Unidos es relativo y está supeditado a los intereses de la industria energética y petrolera, respaldadas por la milicia, que tiene sus propios beneficios en la carrera armamentista.
Es la misma máquina bélica de la cual también habló John F. Kennedy, cuando en un discurso advirtió del peligro de las “sociedades secretas”. Muchos creen que su muerte fue porque estaba decidido a enfrentar a esas mafias.
Dios nos proteja de una tercera guerra mundial que pudiese gestarse entre Rusia, China y Estados Unidos, o de cualquier otro conflicto inventado o planeado para seguir estableciendo lo que llaman el nuevo orden mundial. @RaulBenoit