Cada año, una de cada cuatro familias panameñas que perdieron a un ser querido, lo hicieron a causa de una afección cardiovascular que quizás pudo haberse evitado. Desde el año 2000, la Organización Mundial de la Salud (OMS) conmemora el 29 de septiembre el Día Mundial del Corazón, con el propósito de reducir los factores de riesgo modificables asociados a las enfermedades cardiovasculares. Anualmente, estas afecciones cobran la vida de 17.9 millones de personas desde los treinta años en adelante.
Este año, el Día Mundial del Corazón propone crear entornos saludables para disminuir las muertes cardiovasculares. Un entorno saludable es un ambiente en el que se fomenta una vida plena a partir de tres pilares: salud alimenticia, salud física-mental y un hábitat saludable.
Aproximadamente, tres cuartas partes de las enfermedades cardiovasculares son atribuibles a factores de riesgo modificables como la hipertensión, diabetes, obesidad y colesterol elevado, y estilos de vida relacionados con el entorno saludable, como la alimentación sana y el ejercicio. Buena parte de este entorno se logra con pequeñas modificaciones, como dejar la dependencia del autorrápido, cocinar más seguido y con mejores opciones de alimentos, y realizar más actividad física diaria, más que trepanar las energías en un gimnasio. Otra parte se logra de forma colectiva, exigiendo normativas estatales para obtener entornos seguros desde los colegios hasta las áreas de esparcimiento público.
Si nos comprometemos a tratar nuestro cuerpo mejor de lo que tratamos a nuestros vehículos, tendremos la recompensa de una vida longeva, saludable y plena. “Pregúntate qué puedes hacer desde este instante para proteger tu corazón”. La respuesta no está en grandes promesas ni resoluciones de aguinaldo, sino en pequeñas metas a trazar y lograr diariamente.
Nuestro compromiso como trabajadores del sector salud es proporcionar las herramientas para que nuestra población mejore su entorno desde la parte que pueden controlar, y promover acciones para que el Estado panameño colabore con mejorar los entornos de sus ciudadanos. En breve, aunque dependamos de nuestro corazón para una vida plena, somos capaces de convertirnos en su peor enemigo con nuestras acciones, o protegerlo y darle el mantenimiento óptimo para que nos permita vivir y compartir con nuestros seres amados presentes y por venir.
El autor es doctor en Ciencias Clínicas con Especialización en Cirugía Cardiovascular y miembro del movimiento Ciencia en Panamá
