El quinquenio pasado, el gobierno de Martinelli asaltó las instituciones de nuestra democracia e instaló una cleptocracia, un gobierno en el que sus personeros se sirvieron de los fondos públicos sin límites ni vergüenza alguna.
A pesar de la monstruosa cantidad de dinero ofrecido por Martinelli para repetir su desgobierno, nuestra ciudadanía sorprendió y dio el voto mayoritario al candidato que marcaba en tercer lugar para procurar liberarse de la cleptocracia. Se produjo un nuevo sentido de ciudadanía y contra todos los pronósticos se eligió al candidato Juan Carlos Varela como rectificador y reconstructor de una nueva democracia, un rompimiento del statu quo cleptocrático y desgobierno del odio, la amenaza y sobresalto diario. Lo básico se logró, pero con un estilo de lentitud y con cero capacidad comunicativa con la ciudadanía que le dio la victoria. El nuevo gobierno fue creando una creciente falta de credibilidad y confianza que se ha convertido en una bruma generalizada que envuelve los éxitos alcanzados, y solo permite que se asomen defectos y deméritos. Se percibe una falta de acción activa o efectiva, creando peligrosos vacíos que podrían ser llenados por modelos autocráticos de variados signos ideológicos, llevando al país –peligrosamente– de la vieja cleptocracia a un gobierno autocrático.
Hoy existe credibilidad cero, nadie cree en nada ni en nadie, y una falta de respeto a los que ejercen como servidores públicos en el gobierno del que forman parte.
En conclusión: a pesar de un crecimiento económico envidiable para nuestro continente, hay un sentimiento de crisis, desilusión y frustración en la generalidad de la población, que nos ha llevado a un pesimismo sobre nuestro futuro. Sin embargo, esta misma crisis se convierte en una gran oportunidad de lograr una nueva actitud ciudadana que con su ocupación física de las calles pueda ir construyendo una nueva democracia. Que se vaya formulando un futuro de gobiernos honestos y eficaces, respetuosos de la nueva ciudadanía, ejerciendo activamente como dueña del poder público, eligiendo y exigiendo a los escogidos que cumplan con la visión del país coherente y justa que quieren los ciudadanos para el año 2030. Esa Visión 2030 debe lograr a su vez una nueva economía que vaya resolviendo el propósito de reducir inequidades con el objetivo primario de construir un “país diamante”, con pocos ricos, pocos pobres, y una gran y vigorosa clase media productora de gobernantes honestos, patriotas y justos.
Todo esto debe crear un nuevo patriotismo para nuestro país globalizado, pero a la vez dueño de su propio destino, donde ciudadanos de izquierda, derecha y de centro tengan su papel en la renovación de nuestro tejido social unificador y justo.
También hay que hacer un llamado a una nueva sociedad civil (entidades privadas dedicadas a la agenda pública sin aspirar al poder público) más amplia, más organizada y más militante en su propósito de ir curando la polarización de la política, logrando que sea más inclusiva, menos cínica y más democrática, reduciendo el poder del dinero en la política de la nueva democracia.
Nuestra sociedad multiétnica tiene que ir logrando maneras de aceptar que, a pesar de nuestras diferencias de momento, hay un propósito superior que se llama “el bien común”, que es nuestra raíz común y con la cual hemos sido capaces de lograr grandes victorias con impactos globales importantes.
Nuestro país cuenta con un gran capital social que está constituido por nuestra ciudadanía multiétnica, con profundas raíces en nuestra privilegiada tierra. Es para nosotros fácil crear un gran contrato social para llevarnos a nuestra Visión 2030, ya construida por elementos de toda nuestra sociedad representativa de toda nuestra geografía. Solo falta que como sociedad nos activemos, sabiendo que la democracia no es nítida, ordenadita ni tranquila; la democracia no es para los débiles ni para los que buscan pureza en todas las cosas. La democracia es un poco caótica y ruidosa como nosotros mismos, pero es –con todos sus defectos, que son los nuestros– el mejor de los sistemas políticos que ha creado la humanidad en toda su historia.
Tenemos, todos nosotros, que cumplir nuestra responsabilidad de perfeccionar poco a poco nuestra propia democracia y hacer de la crisis que vivimos la gran oportunidad de rectificación hacia un futuro cada día mejor. ¡Comencemos hoy!... mañana es tarde.
El autor es fundador del diario La Prensa