Cuando se habla de metodología de la investigación muchos profesionales piensan en una asignatura universitaria cuya función, según recuerdan, fue la de prepararlos para el tedioso trabajo de graduación o tesis. Para otras personas, algo más alejadas del mundo académico, la metodología de la investigación no tiene en sí un significado claro, quizás muchos parten de la premisa de que tiene que ver con investigación policial o relacionado al mundo de las ciencias naturales. Para otro grupo, la metodología de la investigación viene a ser algo fútil o simplemente irrelevantes en sus vidas cotidianas, ya que, por una parte, quizás ni siquiera conocen sus implicaciones reales, o, por otro lado, no captan ningún ámbito de su existencia en la que vean la utilidad de dicho conocimiento o su importancia.
Lamentablemente, en el mundo académico la cosa no es tan diferente, ya que para muchos intelectuales la metodología de la investigación viene a ser como las matemáticas para muchos estudiantes de primaria y secundaria en nuestro país, simplemente un trago amargo que, si se puede obviar, mejor, pero si no, hay que tomárselo rápido y sin muchos miramientos; no queda de otra.
Por otro lado, solo hay que examinar el número de investigaciones que se han realizado en nuestro país en los últimos años para observar que la investigación no se encuentra en la agenda de nadie; puede ser que, producto de las becas que ofrece Senacyt se hayan motivado a algunos investigadores (con trayectoria o no), pero lo cierto es que existe una apatía casi general en nuestro país por realizar investigaciones científicas con cierto grado de divulgación o impacto en la comunidad científica nacional e internacional, sin siquiera hacer mención de los posibles beneficios a la sociedad panameña en general.
Más allá de buscar la raíz del problema, la cual muy bien pudiera ser el espíritu de nuestras universidades, cuya única función hasta ahora ha sido la de crear profesionales e intelectuales que reproduzcan saberes, no que los generen; lo que, a su vez, no solo produce una academia y mundo profesional estéril (en términos de innovación), sino, además, una sociedad incapaz de afrontar de manera creativa e independiente los retos y avatares de nuestro ethos vivendi como nación. Sí, es cierto, tenemos las premisas importadas desde los organismos internacionales y demás, pero deberíamos también preguntarnos si dichas recetas nos representan socioculturalmente o serían replicables en nuestra realidad panameña.
Sin entrar en mayores argumentos, es indispensable crear una cultura de la investigación en Panamá; una que no empiece y termine en la academia, sino que sea parte de nuestra vida, ya que después de todo, los seres humanos somos ingenieros innatos dedicados a resolver problemas y construir posibilidades. En este sentido, como sociedad, deberíamos abogar por la creación de un modelo educativo que contemple la metodología de la investigación como eje transversal, desde la primaria y la secundaria, para desarrollar un ciudadano integral, con las herramientas metodológicas necesarias para investigar, cuestionar y transformar su realidad personal, profesional y societal.
El autor es sociólogo