En el siglo XX (desde 1903 hasta 1999), la contradicción fundamental en la República de Panamá fue “Nación vs. imperialismo”, identificada claramente por el maestro Ornel Urriola Marcuci en su libro Dialéctica de la nación panameña.
Sin embargo, hoy, transcurrido un cuarto de siglo del nuevo milenio, la geopolítica (nuevo reparto del mundo), el declive del neoliberalismo, el surgimiento de la nueva doctrina de seguridad nacional estadounidense (DONROE) y la desaparición del “socialismo real” en Europa indican la presencia de una nueva correlación de fuerzas globales (unilateralismo vs. multilateralismo) y la aparición, también, de una nueva contradicción fundamental en nuestro país y en “nuestra América”: la doctrina “Donroe” vs. la “potencia plebeya”.
La doctrina “Donroe” está explicitada en el documento identificado como “Estrategia de Seguridad Nacional y el corolario de Trump”, que no es otra cosa que la grosera reviviscencia de la doctrina Monroe de 1823, de “América para los americanos”, que convirtió a los países latinoamericanos en “repúblicas bananeras” y “patio trasero” del imperialismo estadounidense.
En el pasado, el “cuco” fue el comunismo. Ahora es el narcoterrorismo y el expansionismo chino. Por supuesto, se trata de una “cortina de humo” para ocultar los verdaderos propósitos de un imperialismo en declive, cuya ideología —el “capitalismo salvaje”— también está “cuesta abajo”. Frente al exitoso modelo de desarrollo del capitalismo de Estado de la República Popular China, la potencia del “Norte revuelto y brutal” se ve compelida a desempolvar esta odiosa doctrina de apropiación de los recursos naturales y de las ventajas comparativas y competitivas (el petróleo de Venezuela y el Canal de Panamá, por ejemplo).
De modo que, frente al atraco, la extorsión comercial, las agresiones militares y la descarada injerencia política del imperialismo yanqui en los asuntos internos de las repúblicas latinoamericanas, el experimento del “progresismo” ha resultado un fracaso. Es decir, el “progresismo” no pasa de ser una socialdemocracia “de nuevo tipo” o, simplemente, “populismo”.
En conclusión, se requiere desarrollar el potencial democrático y organizativo del pueblo desde la perspectiva de sus propias reivindicaciones y expectativas políticas, bajo la premisa de que “solo el pueblo salva al pueblo”; crear el instrumento político amplio, democrático y participativo del pueblo organizado; y exacerbar la nueva contradicción fundamental: la “potencia plebeya” vs. la doctrina “Donroe”.
El autor es abogado y analista político.


