Desde hace semanas se resienten, cada vez más, los efectos devastadores del llamado “tranque” vehicular en la zona metropolitana, en la que se acomoda más del 80% del parque automotor del país.
Aparte del estrés que esto produce en los miles de conductores que diariamente se trasladan del área oeste al este, del este al centro de la ciudad de Panamá (más los que vienen de la provincia de Colón) para atender sus compromisos laborales, en esta ocasión escribo del tema para referirme al impacto económico por el costo adicional de ir de un lugar a otro y regresar, debido a los descomunales tranques. Sobrecosto este que los expertos multiplican por tres y, en casos extremos, hasta por cuatro, comparado con el que se tendría en condiciones normales de tránsito.
Mucho del tranque también se atribuye a los proyectos que desarrolla el Gobierno en la red vial (la construcción de las líneas del Metro, el mantenimiento del puente de Las Américas, y otros), que han provocado la reducción provisional del número de paños por donde normalmente se transitaba. Esto ha generado lo que en la ciencia económica se conoce como “externalidades” (afectaciones a terceros como consecuencia del desarrollo de un proyecto).
El litro de combustible sufrió un considerable aumento en su último ajuste de precios y, por lo que se conoce, se incrementará a partir del mes de enero, en virtud de los acuerdos de disminución de la producción de petróleo que alcanzaron los Estados miembros de la Organización de Países Exportadores de Petróleo, para aumentar el precio del barril.
Siendo así las cosas, el costo de la gasolina se podría incrementar más de 3 dólares el galón en el corto plazo, y según sea la tendencia (contracción de la oferta petrolera a nivel internacional), podríamos pensar que en la estación seca (lo que llamamos verano) el precio del galón podría ser superior a los 4 dólares.
Si este evento es posible, entonces sería insostenible para la gran mayoría de conductores del área metropolitana enfrentar esta situación, porque su economía se vería sensiblemente afectada, ya que un galón de gasolina con un precio tan alto, aunado al sobreconsumo por el tranque (hasta tres veces como mencioné), financieramente haría incosteable para el conductor promedio su traslado, como lo ha hecho hasta hoy con precios todavía bajos del combustible.
Las autoridades deberían ir pensando en este panorama que se nos viene encima y considerar medidas que atenúen el impacto que originaría un precio aumentado del galón de combustible.
El sobrecosto del tranque es una realidad que no ha sido ponderada, como se merece, y los que deben pagarlo no deben ser precisamente los que integran la población trabajadora, que con una economía ya bastante restringida, se trasladan diariamente en sus vehículos. Se nos ocurre pensar, en primera instancia, en una disminución del impuesto al combustible.
