Del oportunismo a la oportunidad: leer la crisis como plataforma de liderazgo

Cuando todo se detiene, cuando reina la confusión y el miedo toma el volante, es fácil pensar que lo más sensato es aguantar. Pausar decisiones. Esperar a que pase la tormenta. Pero hay quienes, justo en ese momento, pisan el acelerador. No por impulso, cinismo ni oportunismo barato, sino porque ven algo que los demás no están viendo: una puerta entreabierta.

No se trata de sacar ventaja de la desgracia. Eso es oportunismo, y se nota a kilómetros. Se trata de entender que la crisis reordena el tablero y que, si uno está despierto, puede mover ficha de forma distinta. Que cuando todos están mirando al suelo, hay un campo enorme por explorar hacia adelante.

La historia empresarial está llena de ejemplos de líderes y compañías que aprovecharon el caos para transformarse. Airbnb, por ejemplo, nació en plena crisis financiera de 2008. Mientras el sistema hipotecario se derrumbaba y medio mundo ajustaba presupuestos, sus fundadores notaron una necesidad concreta: gente buscando ingresos extra y personas necesitando alojamientos más accesibles. Esa idea –tan simple y conectada con la realidad del momento– terminó cambiando para siempre la forma en que viajamos.

Algo parecido ocurrió, pero a una escala mucho mayor, durante la pandemia de la COVID-19. Allí no solo se revelaron nuevas necesidades; también quedó expuesta la rigidez de muchos modelos de negocio. Mientras algunas empresas entraban en modo supervivencia, otras vieron el momento como un punto de inflexión. Ford, por ejemplo, reconvirtió parte de su producción para fabricar respiradores. ¿Ganaron dinero con eso? Tal vez no mucho. Pero ganaron algo más valioso: legitimidad, impacto, coherencia. Supieron leer el momento y actuar con propósito.

En América Latina también hubo respuestas audaces. La fintech argentina Ualá, por ejemplo, creció como nunca durante la pandemia. Mientras muchos bancos tradicionales cerraban oficinas o recortaban servicios, Ualá apostó por lo digital y salió a buscar a los no bancarizados, que son millones en la región. No esperaron a que el contexto mejorara. Se adaptaron rápido y fueron directo a cubrir un vacío que se volvió evidente en medio del caos.

Lo interesante es que todos estos ejemplos tienen algo en común: ninguno esperó condiciones ideales para actuar. De hecho, actuaron precisamente porque las condiciones eran difíciles. Porque sabían que, cuando todo se sacude, también se reordenan las prioridades, cambian las reglas y surgen nuevas formas de crear valor.

Y esto aplica no solo a las grandes empresas. También lo vemos en líderes individuales, emprendedores, equipos pequeños. Esa pyme que, en plena crisis logística de 2020, comenzó a producir insumos médicos con impresoras 3D. Esa tienda de barrio que aprendió a vender por WhatsApp y se conectó con su comunidad como nunca antes. La diferencia no está en el tamaño, sino en la actitud.

La delgada línea entre el oportunismo y la oportunidad está en la profundidad y el propósito de las decisiones. Oportunismo es lanzar una campaña rápida porque el tema del momento está en tendencia. Oportunidad es ver una necesidad nueva y construir una solución real. El primero busca visibilidad. El segundo, relevancia.

No hay fórmula mágica. Lo que sí hay es una constante: quienes logran diferenciarse en medio del caos son los que ya venían entrenando la capacidad de adaptarse, de decidir rápido, de escuchar el contexto más allá de los reportes. Son las empresas con estructuras livianas, liderazgos compartidos, equipos empoderados. Y son las personas que entienden que, ante la incertidumbre, quedarse quieto también es una elección… pero rara vez es la mejor.

Porque cuando todos están paralizados, avanzar no es solo una opción. Es una forma de liderazgo. Y en esos momentos, avanzar no significa tener todas las respuestas, sino estar dispuesto a actuar con valentía, escuchar más que nunca y apostar por el cambio cuando más falta hace.

Las crisis, bien leídas, son plataformas. No se trata de aprovecharse del problema, sino de asumir la responsabilidad de ofrecer una salida. Ahí es donde se nota quién está liderando y quién solo está esperando que pase el temblor.

El autor es Country Managing Partner – EY.


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