¿Cómo llegó «bochinche» a significar chisme? Según el Diccionario de la lengua española, la palabra procede de «bochincho», que significaba «sorbo», y esta, a su vez, deriva de «buche». El origen más remoto de «buche» podría estar en el latín bucūla, relacionado con bucca («boca» o «carrillo»). En Panamá, «bochinche» adquirió el sentido de un chisme que puede crecer y perjudicar la reputación de alguien al pasar de una persona a otra.

Un bochinche puede partir de un hecho, de una interpretación o de una afirmación que todavía no ha sido comprobada. Al pasar de boca en boca, puede adquirir nuevos elementos y alejarse de su versión inicial. Pero un rumor no es necesariamente falso: lo que lo caracteriza es que circula sin verificación suficiente.

Cuando afecta la honra de una persona, sobre todo si se trata de una figura pública, sus consecuencias pueden ser graves. Por eso conviene distinguir entre conversar sobre un asunto de interés público y presentar una acusación no comprobada como si fuera un hecho.

En la época de la dictadura militar en Panamá, se decía que el aparato de inteligencia conocido como G-2 utilizaba rumores para perjudicar a oponentes políticos o desviar la atención pública. Se decía que algunos taxistas, durante sus conversaciones con los pasajeros, contribuían a poner en circulación esas versiones. Así, el mensaje podía pasar de boca en boca y llegar a más personas.

Hoy, con la tecnología y las redes sociales, la inteligencia artificial puede utilizarse para manipular la imagen o la voz de una persona y hacer que un mensaje falso parezca auténtico. También puede difundirse información equivocada sin intención de engañar. No es lo mismo compartir un dato erróneo que fabricar deliberadamente un contenido para manipular a otros.

La rapidez con que circulan los mensajes hace más importante comprobar su origen antes de compartirlos. Una imagen, un audio o una publicación pueden resultar convincentes y, aun así, estar fuera de contexto o haber sido alterados. La responsabilidad no recae solo en quien crea un contenido engañoso, sino también en quienes contribuyen a difundirlo sin verificarlo.

El bochinche de tipo político puede circular de forma anónima, lo que dificulta identificar a su autor y pedirle cuentas. Sin embargo, el anonimato, por sí solo, no convierte una afirmación en falsa: lo que corresponde examinar es su contenido y las pruebas que la respaldan.

Proteger la honra y combatir la desinformación exige reglas precisas, no una prohibición general de los rumores. La Constitución panameña garantiza la libertad de expresión sin censura previa y establece responsabilidades legales cuando se atenta contra la reputación o la honra de las personas. Cualquier medida adicional debe respetar esa garantía y distinguir la crítica legítima de las acusaciones falsas o manipuladas.

Decir lo que se venga en gana en los canales informativos no contribuye a construir una sociedad basada en valores. Pero tampoco ayudaría silenciar toda información que todavía no ha sido confirmada. La respuesta comienza por exigir pruebas, rectificar los errores y detenerse antes de convertir una versión no verificada en una certeza pública.

El autor es sociólogo y docente.