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Del urbanismo vial tradicional a lo sostenible

Del urbanismo vial tradicional a lo sostenible
En este primer trimestre uno de los sectores que registró aumento en las ventas fue el de autos, indicó Domingo Latorraca. Katiuska Hernández

El urbanismo como componente estructural de los centros urbanos es el marco que organiza, regula y materializa el funcionamiento de una ciudad. Mientras que un centro urbano es el espacio físico y social, el urbanismo es el sistema que lo diseña, lo regula y lo gobierna, ambos en una constante sinergia funcional. En Panamá, un centro urbano es aquel con una población superior a 1,500 habitantes, con servicios básicos como luz eléctrica, alcantarillado, calles pavimentadas y acceso a educación secundaria, comercios y recreación.

El acceso vial de Panamá, tanto en sus centros rurales como urbanos, se ha basado tradicionalmente en la expansión de carreteras, la dependencia del automóvil, la fragmentación urbana, el alto consumo de combustibles fósiles, la zonificación funcional dispersa y la baja prioridad para peatones, lo que ha generado por décadas más emisiones de dióxido de carbono (CO₂), mayor gasto público, mayor inequidad territorial y mayor riesgo ambiental.

Sin embargo, en el devenir del horizonte del distrito de Panamá se esperan proyectos de ordenamiento vial que implementan la sostenibilidad y el paisajismo urbano. Una avenida Nicanor de Obarrio (la conocida calle 50), una avenida Brasil o una Vía España con amplias aceras, árboles y espacios verdes, priorizando al peatón, ofrecen una sumatoria de acciones que se traducen en seguridad, orden estético y mitigación climática, entre otros beneficios. Se espera que estas iniciativas se hagan realidad y no se esfumen como los proyectos que presentó el ilustre Karl Brunner en Panamá en 1941, algunos de los cuales aún responden a necesidades actuales.

Estas iniciativas deben extrapolarse desde el distrito de Panamá a todos los distritos y corregimientos del país. El panameño merece un entorno ordenado, con aceras para caminar y amplias zonas verdes que mitiguen las islas de calor urbano, ya que el concepto de integración de árboles en aceras, avenidas y parques trasciende lo estético y constituye una vía de mitigación frente a los efectos del calentamiento global. Además, crea hábitats para aves, favorece la retención de humedad en el suelo, la infiltración del agua hacia capas internas del subsuelo, permite la percolación y recarga de acuíferos, incrementa la transpiración vegetal, entre muchos otros beneficios ambientales.

Para llegar a un ecosistema urbano amigable se debe vivir en simbiosis con el ambiente y sus recursos. Ir de lo tradicional a lo sostenible, pasando del carro-centrismo al persona-centrismo, de expandir vías a reducir viajes, de la velocidad a la accesibilidad y del asfalto a infraestructuras verdes, así como pasar del tráfico agotador a la resiliencia, no solo redefine la movilidad, sino que también construye ciudades más saludables, equitativas y resilientes frente al cambio climático.

Este paradigma cambia al implementar una planificación territorial ambientalmente inteligente, donde se mezcla el uso del suelo, compactando lo urbano con el desarrollo sostenible orientado al transporte. La red de movilidad en Panamá ya cuenta con el metro y el metrobús como columnas vertebrales; al implementar movilidad eléctrica interna en zonas densamente pobladas como Chanis, Betania y Ancón, a modo de ejemplo, se contribuye no solo a una mejor calidad del aire y a la reducción del subsidio al combustible, sino que la electrificación y el rediseño de los sistemas de transporte urbano interno representan una de las estrategias de mitigación climática más costo-efectivas y socialmente transformadoras para economías en desarrollo como la panameña.

Como parte del ordenamiento vial sostenible, también es esencial integrar infraestructuras verdes, como los drenajes urbanos sostenibles, los parques inundables para el reúso del agua, los corredores verdes urbanos y los pavimentos permeables que permitan la infiltración del agua, además de la arborización urbana, la cual puede reducir entre 2 y 5 °C la sensación térmica urbana.

Enumerar las acciones antes mencionadas resulta meramente retórico si no se cuenta con la participación gubernamental y ciudadana. Actualmente, con la Política Nacional de Cambio Climático (PNCC), se incorpora la movilidad como eje climático, pasando de ser únicamente transporte a convertirse en un sector estratégico de mitigación climática. Esto se acopla con el Acuerdo de París de 2015, donde la movilidad urbana sostenible es uno de los instrumentos más directos para su cumplimiento.

Estos planes de urbanismo vial deben trascender más allá de la Ciudad de Panamá. Centros urbanos como La Chorrera, Colón, Arraiján, Las Tablas, Chitré, Santiago y David, entre otros, necesitan urgentemente un ordenamiento territorial inteligente y ambientalmente amigable. Caminar del urbanismo vial tradicional a la movilidad sostenible en Panamá representa una transición crítica en la planificación territorial y el desarrollo urbano del país, marcada por el paso de un modelo centrado en el automóvil hacia enfoques que priorizan la eficiencia energética, la reducción de emisiones, la accesibilidad social y la resiliencia climática.

El autor es doctor en Recursos Hídricos y Cambio Climático.


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