Según los últimos acontecimientos vividos en Soná, y que no son contrarios a lo que sucede en otras regiones de nuestro país, nos lleva a reflexionar sobre el desmedido silencio que como ciudadanos mantenemos, al tiempo que con postura individual y colectiva callamos.
Es significativo reafirmar que nuestro pueblo como muchos, está constituido por personas trabajadoras y por grandes profesionales; quienes en su gran mayoría tuvieron la oportunidad de crecer en una sociedad segura, próspera, educada y sostenible, y con el disfrute de recursos naturales de calidad; sonrientes ante los eslóganes, “Soná suena y sonará”… y “Soná, el granero de Panamá”, entre otros.
Es evidente que todo está cambiando a pasos de gigante. Diariamente nos encontramos con problemas sociales que están golpeando directamente a la juventud, con consecuencias incalculables, donde personas inocentes están sufriendo sin merecerlo.
Hay cosas tangibles que se pueden medir en una sociedad, pero en Soná, también las intangibles están siendo tan medibles, a través de prácticas negativas que están trayendo inseguridad y sufrimiento a la familia sonaeña.
Llegó el momento en que debemos reflexionar en lo que estamos haciendo mal y hacer los correctivos basados en los valores que siempre han caracterizado a su gente, y que a mi juicio no todo está perdido.
El asombro y la tristeza que sentimos nos llevan a preguntar sobre el papel de las autoridades locales, que muchas veces se dedican a realizar acciones, sin una metodología de trabajo que convoquen a los actores para analizar las prioridades de lo que Soná necesita, formación que debe ser requerida para quienes aspiren a puestos de elección dentro del proyecto de descentralización de los gobiernos locales.
Por otro lado, debemos analizar sobre el trabajo interinstitucional que se realiza, los colegios y las instituciones ya no deben estar alejado de la comunidad, el mensaje religioso ¿estará llegando?, hasta el papel de la misma familia, sería bueno entre todos analizarlo ¿qué es lo que estamos haciendo mal?
Tenemos una sociedad en retroceso, que a mi juicio, una de las variables a tomar en cuenta, desde hace 15 años, se debe a la politiquería barata practicada que ha dividido partidistamente a nuestra gente, el clientelismo político que ha acabado con nuestra unión comunitaria, tan anhelada por otros municipios.
Es importante aceptar que todos sabemos de los muchos problemas socioambientales que estamos viviendo; sin embargo, no los enfrentamos de manera formal, siendo más fácil para todos mirar hacia otro lado, demostrando así siempre una actitud ambigua.
Como sonaeños, debemos trabajar fuerte para rescatar el Soná hermoso y sano que dejaron nuestros abuelos, recuperemos lo bueno, porque es urgente para nuestras actuales y futuras generaciones.
La fórmula es fácil, acabar con los antivalores de nuestra sociedad, y con un cambio de actitud, porque Soná lo único que necesita es a su propia gente.
La autora es Dra. en educación ambiental y docente universitaria