En nuestro país hemos visto cómo a lo largo de los años se han nombrado cónsules y embajadores de acuerdo a los caprichos o necesidades de las autoridades de turno. A cargo de nuestras embajadas han estado hermanos de diputados, amigos de algún ministro, primos, sobrinos y excompañeros del presidente o sus allegados. Esta situación ha evitado que los intereses de nuestra República estén representados en el exterior por las personas que mejor cumplan el perfil necesario para estos puestos.
Desde el año 1999, con la entrada en vigencia de la Ley Orgánica del Ministerio de Relaciones Exteriores y el establecimiento de la carrera diplomática y consular se ha buscado disminuir esta situación, permitiendo dotar a las embajadas y consulados del personal debidamente preparado para atender y apoyar a los panameños residentes en el extranjero, y representar a nuestra República de manera digna ante los gobiernos extranjeros.
Sin embargo, nuestros gobernantes han ignorado la carrera diplomática y consular, continuando con el nombramiento de embajadores y cónsules sin ninguna preparación diplomática, e incluso utilizando las embajadas como medio de castigo y aislamiento, para aquellos que no se rindan ante sus intereses y exigencias.
El próximo 2 de julio, con la instalación del nuevo gobierno, entrarán también nuevos ministros de Estado, embajadores y cónsules serán asignados. Con esto se renueva la expectativa social de por fin tener dignos representantes a nivel internacional, capaces, preparados y esperando que sean nombramientos ganados por medio de la carrera diplomática y consular y no por algún tipo de favor.
La autora es estudiante de maestría de la UIP.
