DEMOCRACIA

¿En dónde están los diputados panameños?

A raíz del enfrentamiento entre la Asamblea y el Ejecutivo, los diputados han estado en el ojo de la tormenta. Todos los días vemos información, tanto en medios de comunicación como en redes sociales, sobre el rampante ausentismo de los diputados de sus puestos de trabajo –los diputados solo tienen dos labores concretas, asistir al pleno de la Asamblea y a sus comisiones–, y la falta de proyectos de ley tanto en volumen como en calidad. Y cuando la ciudadanía levanta su voz, expresa la crítica constante de que, como dice Rubén Blades, “...cada cinco años se aparecen, cargando niños por el barrio”.

Si los diputados no están en la Asamblea, y no están en sus comunidades, entonces: ¿en dónde están?

Después de consultar con analistas políticos, oráculos y chamanes, llegué a dos conclusiones: son producto de nuestra imaginación colectiva creada por los medios.

¿Alguno de ustedes ha visto con sus propios ojos a un diputado trabajando en la Asamblea? O mi favorita: ellos viven en un mundo paralelo. Nuestra única ventana a este mundo paralelo al cual no podemos acceder los simples mortales, es a través de sus declaraciones. Así, he logrado identificar que en ese mundo paralelo está bien contratar familiares, porque el nepotismo no existe; los ciudadanos no preguntan pendejadas, como en qué se gastan el dinero de las planillas, porque nadie duda de su honestidad; el deporte es una maravilla y a pesar de que ellos –con justa razón– se quedan con parte del dinero destinado a ayudar a atletas, los deportistas panameños siguen dejando a nuestro país en alto en el exterior.

En este mundo paralelo, sus donantes y amigos hacen negocios con el Estado y viven en una bonanza económica a diferencia del resto del país. Las donaciones son actividades filantrópicas, porque aunque al beneficiario solo le llegue el 10% del total del monto, es un 10% que no tenía antes de que llegara el diputado.

En este mundo, algunos ciudadanos comunes reciben bolsas de arroz y tejas de zinc gracias a la benevolencia de estos diputados –¿o candidatos?– , lo que les permite seguir viviendo en el mundo paralelo a ambos.

Este mundo paralelo se limita a lo que el diputado puede ver y tocar, obviando así a 4 millones de panameños que no tenemos el privilegio de vivir en su campo de visión. Cuatro millones que sufrimos día a día las injusticias, la falta de institucionalidad, servicios públicos deficientes y una peor calidad de vida.

¿Dónde están los diputados?

No lo sé, pero quizá si los sacamos de ese mundo paralelo, podremos todos vivir en un país mejor.

El autor es miembro de Movin

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