Lo asombroso no es que se haya revelado un secreto a voces. Lo que indigna es el silencio de los gobiernos democráticos y sus dirigentes, algunos más preocupados por perder la visa para visitar al ratón Mickey que por denunciar la verdad. Otros porque les importa un bledo.
La indignación que me embarga es que, tras cinco años de pesquisas del Comité de Inteligencia del Senado de Estados Unidos (EU), reveló hace poco como primicia noticiosa, las brutales técnicas de torturas aplicadas a los sospechosos de pertenecer a Al Qaeda, quienes están detenidos (muchos lo estuvieron por años), en prisiones ilegales, sin derecho a ser juzgados en una corte penal internacional.
También “reveló” el comité senatorial que el sistema de tortura, prohibido por la octava enmienda de la Constitución de este país, no logró detener el terrorismo. ¡Oh sorpresa!
Hay doble moral: la gente se escandaliza y condena cuando los terroristas degüellan a los que los musulmanes llaman “infieles”, pero guardan silencio cuando en Guantánamo, Cuba, Estados Unidos tiene una prisión donde se aplican despreciables formas de tortura, como el ahogamiento simulado, inyecciones de comida por vía rectal, privación del sueño y hasta simulacros de ejecución.
Recuerdo una entrevista que le hice al pintor y escultor Fernando Botero en 2008, donde me reveló que, asqueado por las atrocidades de la prisión de Abu Ghraib, resolvió desahogar su rabia pintando cuadros basados en los actos humillantes a los prisioneros, infringidos por soldados estadounidenses en dicha cárcel. (You Tube: “Raúl Benoit entrevista al pintor Fernando Botero”).
Usar métodos de terror y degradación para lograr confesiones (a veces imposible porque eran inocentes), fue un error de los estadounidenses, quienes debieron dar ejemplo, porque este país continuamente condena la violación de los derechos humanos en otras naciones.
Por otra parte, no es un secreto que la CIA y mercenarios al servicio del Gobierno estadounidense, fomentaron comandos que les llamaron de “operaciones especiales” y adiestraron a altos oficiales en la terrorífica Escuela de las Américas, quienes transfirieron su aprendizaje a soldados seleccionados en cuarteles militares de Latinoamérica y los cuales funcionan hoy y funcionaban desde mediados de la década de los 60.
En Prohibido decir toda la verdad (Amazon), mi libro censurado en Colombia, doy nombres y detalles de cómo operaba esa compleja doctrina del terror.
Que no venga con el cuento el director de la CIA, John Brennan, diciendo que, después del 9-11, la Central de Inteligencia de EU “no estaba preparada” para poner en marcha un programa de detenciones e interrogatorios. Ellos son los maestros de la tortura e hicieron el trabajo que saben hacer. Además, es cínico que diga que “las técnicas de interrogación eran legales”. Valga subrayar, que la mayor parte fueron hechas en el gobierno de George Bush, no en el de Barack Obama.
Sé que es ingenuo e inútil, pero tengo que decirlo: Los gobiernos, con su policía y su ejército, no pueden actuar igual o peor que los delincuentes porque de esa forma se vuelven más peligrosos que los criminales. @RaulBenoit