Hace pocos días, durante la cena de apertura de la Semana de la Responsabilidad Social Empresarial de Sumarse, una lámina presentada por la administradora del Canal de Panamá resumió el desafío hídrico del país en una frase contundente: “La lluvia ya no es una certeza”.
La imagen mostraba cómo las precipitaciones en la cuenca del Canal han variado considerablemente entre distintos años. La conclusión no es que haya dejado de llover, sino que ya no podemos asumir que lloverá siempre en la cantidad, el lugar y el momento necesarios. Esa incertidumbre obliga a cambiar la manera en que entendemos y administramos el agua.
Cuando hablamos de infraestructura, solemos pensar en carreteras, puertos, aeropuertos, energía y telecomunicaciones. Sin embargo, ninguna ciudad, industria o actividad productiva puede funcionar sin un abastecimiento confiable de agua. En Panamá, además, el mismo sistema hídrico atiende a más de la mitad de la población y hace posible la operación de uno de nuestros principales activos estratégicos: el Canal.
Por eso, la seguridad hídrica no es únicamente un asunto ambiental o social. Es también una prioridad económica, empresarial y de competitividad nacional.
Nuestro clima tropical ayudó a crear la percepción de que el agua era un recurso ilimitado. Pero recibir lluvias abundantes no equivale a disponer de agua suficiente. La seguridad depende de nuestra capacidad para proteger las cuencas, almacenar el recurso, distribuirlo eficientemente y utilizarlo responsablemente.
La sequía de 2023 y 2024 mostró las consecuencias de no contar con suficiente capacidad de almacenamiento. Las restricciones de tránsito y calado afectaron la operación canalera y enviaron una señal a las cadenas logísticas internacionales: incluso una ventaja geográfica excepcional puede perder confiabilidad si no está respaldada por infraestructura hídrica adecuada.
En ese contexto, el proyecto del lago de Río Indio adquiere una importancia decisiva. De acuerdo con la Autoridad del Canal de Panamá, es la alternativa más viable para atender las necesidades futuras de agua para consumo humano y para la operación canalera. El proyecto permitiría almacenar aproximadamente 1,294 millones de metros cúbicos, una capacidad cercana a la del lago Gatún y casi dos veces la de Alajuela.
El agua sería trasladada hacia Gatún mediante un túnel de aproximadamente nueve kilómetros y por gravedad, sin estaciones permanentes de bombeo. Río Indio no debe entenderse solamente como una obra para aumentar los tránsitos del Canal. Es una inversión destinada a fortalecer el abastecimiento de más de la mitad de la población, respaldar las actividades productivas y ofrecer mayor estabilidad hídrica durante las próximas décadas.
Pero una obra necesaria no queda exenta de responsabilidades. Su ejecución tendrá impactos sociales y ambientales que deben ser reconocidos, evaluados y atendidos con transparencia. Las familias afectadas necesitan información oportuna, participación real, compensaciones justas y condiciones que permitan restablecer dignamente sus medios de vida. La legitimidad del proyecto dependerá tanto de su solidez técnica como de la calidad humana con la que se desarrolle.
Río Indio tampoco puede convertirse en una excusa para descuidar los demás componentes de la política hídrica. Panamá debe reducir las pérdidas en las redes de distribución, proteger las zonas de recarga, mejorar la medición, modernizar los sistemas de agua potable y promover un consumo más eficiente. Crear nueva capacidad mientras continuamos desperdiciando parte del agua disponible sería una respuesta incompleta.
El sector privado también debe actuar. Las empresas deberían conocer cuánta agua utilizan, de dónde proviene y qué sucedería si su disponibilidad disminuyera. Los riesgos hídricos deben formar parte de los planes de continuidad, las decisiones de inversión y las conversaciones de las juntas directivas.
“La lluvia ya no es una certeza” no es una frase pesimista. Es una invitación a sustituir la confianza pasiva en el clima por planificación, infraestructura y responsabilidad colectiva. Panamá construyó buena parte de su prosperidad alrededor del agua. Río Indio representa una decisión estratégica para protegerla, pero su éxito exigirá visión de Estado, rigor técnico y diálogo social.
La competitividad futura del país dependerá no solo de cuánto crezca su economía, sino de si puede garantizar el recurso que hace posible ese crecimiento.
El autor es socio líder de Delloitte Panamá.


