Mientras Panamá sigue siendo el país con más buques abanderados del planeta, más de 227,000 panameños buscan desesperadamente un empleo. La tasa de desempleo se ubicó en 10.4% en 2025 —la más alta en décadas— y, aunque el Gobierno sostiene que ha bajado a 9.1% en 2026, la recuperación aún no toca a todos. Esa es la contradicción que define al Panamá del siglo XXI: un país que domina los mares, pero que no ha sabido llevar ese dominio a los hogares.
El gigante que no vemos
Panamá tiene 7,677 buques abanderados bajo su pabellón, que suman 202.1 millones de toneladas de registro bruto. Esta flota ya no es la primera del mundo en tonelaje —fue superada por Liberia y las Islas Marshall—, pero sigue liderando en número de buques, por encima de Liberia (6,138) y las Islas Marshall (4,732). Ese no es un logro menor. Representa décadas de trabajo con la industria marítima que convirtieron a Panamá en un referente global. Sin embargo, ese gigante navega muy lejos de las oportunidades que necesitan los panameños.
Panamá lideró el registro mundial durante años, tanto en número de buques como en tonelaje. Pero, entre finales de 2025 y agosto de 2026, pasó de 230.5 millones a 202.1 millones de toneladas brutas, una caída del 12.3%. Ramón Franco, director del Registro de Naves, atribuye esta reducción a una estrategia deliberada para mejorar la calidad de la flota: “En estos momentos, nuestra prioridad es garantizar que los buques de nuestra flota sean los mejores”, afirmó. El registro se ha vuelto más selectivo, rechazando buques o cancelando el registro de aquellos cuyo desempeño no alcanza los estándares establecidos.
No obstante, analistas del sector señalan que entre las causas de este bajón también figuran factores geopolíticos. Belisario Porras, vicepresidente de la Asociación Panameña de Derecho Marítimo (Apademar), identificó la “excesiva burocracia” en los trámites y la falta de previsión legislativa como factores internos, y señaló que las sanciones al petróleo de Rusia e Irán “han forzado la cancelación de cientos de naves y la pérdida de miles de toneladas…”. A ello se suman las detenciones de buques panameños en puertos chinos y el desplazamiento de tonelaje hacia registros como los de Bahamas y Barbados, que crecieron 10.7% y 13.6%, respectivamente.
Cuando hablamos de empleo marítimo, muchos piensan únicamente en capitanes y oficiales de cubierta. Pero la realidad es mucho más amplia. Un barco es una pequeña ciudad flotante que requiere electricistas, cocineros, camareros, personal de mantenimiento, operadores de máquinas y una larga lista de profesiones técnicas.
Nuestros marinos están capacitados bajo los más altos estándares internacionales y cumplen con el Convenio STCW de 1978, que establece las normas de formación, titulación y guardia de la gente de mar. La Universidad Marítima Internacional de Panamá (UMIP) capacita a oficiales de cubierta y de máquinas, mientras que el Inadeh graduó a 260 nuevos marinos en abril de 2026, tras un programa de formación técnica que supera las 500 horas e incluye maniobras, mantenimiento de buques, normas de seguridad e inglés técnico. El talento existe y está listo.
Hay demanda, pero es insuficiente
La Autoridad Marítima de Panamá (AMP) reportó 534 nuevos contratos marítimos formalizados entre enero y mayo de 2026, un incremento del 26.2% frente a los 423 registrados en igual período de 2025. Entre julio de 2025 y julio de 2026 se registraron 1,096 contratos, un 17.5% más que el año anterior. Además, la AMP recuperó B/.9.9 millones en salarios adeudados a gente de mar y tramitó 653 repatriaciones y 788 quejas laborales entre 2024 y 2026.
Navieras como la colombiana Navesco S. A. emplean a más de 40 tripulantes panameños, varios con más de siete años de servicio. Y, en junio de 2026, el presidente José Raúl Mulino fue testigo de honor en la firma de un memorando de entendimiento entre la empresa panameña Nautilus Manning Agency y la naviera griega Tsakos Shipping & Trading, que contempla cuatro buques panamax que serán abanderados en Panamá y programas de formación para cadetes y oficiales panameños.
Son cifras alentadoras. Pero 534 contratos en cinco meses, en un registro de casi 7,700 buques y una flota que podría generar decenas de miles de empleos, no constituyen un logro; son una advertencia de que algo estamos haciendo mal.
Naciones como Filipinas, India, Rusia y Ucrania han convertido la exportación de mano de obra marítima en una industria multimillonaria. Filipinas, por ejemplo, es la principal fuente mundial de marinos, con cientos de miles de sus ciudadanos navegando en buques de todo el mundo. Panamá tiene todas las herramientas para competir. Sin embargo, debe corregir algunas deficiencias:
Falta de articulación. El registro, la formación y el empleo funcionan en compartimentos estancos. No hay una visión integral sobre las oportunidades que ofrece la industria.
Desconocimiento. La mayoría de los panameños desconoce que existen carreras marítimas más allá de las de oficiales de cubierta. Un joven en Chiriquí o Darién no sabe que puede ser electricista naval, cocinero o técnico de máquinas y ganar un buen salario.
Barreras de entrada. La formación es costosa y no siempre accesible. El dominio del idioma inglés, requisito fundamental, sigue siendo una barrera. La AMP coordina con el Inadeh iniciativas para corregir esta deficiencia, pero el esfuerzo es insuficiente.
Falta de incentivos. No existen suficientes beneficios fiscales o regulatorios para las navieras que contraten personal panameño. Si una empresa puede contratar a un marino filipino por el mismo costo, ¿por qué elegiría a uno panameño?
Ausencia de una cultura de reclutamiento. El Comité de Embarque, creado en 2019, es un paso en la dirección correcta, pero aún es insuficiente. Se necesitan oficinas de enganche en cada provincia que conecten a los jóvenes con las oportunidades que existen.
Lo que se necesita hacer
Primero, incentivar la contratación de personal panameño. Así como Panamá exige estándares de calidad y seguridad a los buques, debe ofrecer beneficios fiscales, reducciones en las tasas de registro y bonificaciones por contratación a las empresas que recluten y formen personal panameño. El acuerdo con Tsakos es un modelo: vincula la bandera panameña con la contratación de marinos nacionales.
Segundo, establecer un sistema nacional de formación y capacitación supervisada. Panamá debe invertir en centros de formación que preparen a los panameños en todas las especialidades que los buques demandan, siempre en cumplimiento del STCW. El programa de Marino Ordinario del Inadeh, con más de 500 horas de formación técnica, es un buen punto de partida.
Tercero, crear oficinas de enganche marítimo en cada provincia. Un joven en Bocas del Toro o en Herrera no debería tener que viajar a la capital para saber que existen oportunidades en el mar. La información debe llegar a cada rincón del país. La Dirección General de la Gente de Mar (DGGM) ha comenzado a fortalecer su presencia en distintas regiones, pero el esfuerzo debe ser mucho mayor.
Panamá tiene todos los elementos. Solo le falta la decisión política para convertir este gigante dormido en la fuente de empleo que el país necesita. No se trata de una utopía. La AMP ha demostrado que es posible. Pero estos esfuerzos, aunque valiosos, son gotas en un océano de oportunidades.
Panamá no puede darse el lujo de seguir ignorando esta realidad. Con 227,000 personas sin trabajo, el sector marítimo ofrece una salida real y tangible. Basta de ver el mar como una postal. Es momento de que el gigante despierte y, con él, despierte también la esperanza de miles de panameños que buscan un futuro mejor.
El autor es práctico del Canal.



