El caso de Ken Paxton, procurador General del estado de Texas

En 2020, ocho funcionarios del círculo de confianza del entonces procurador general de Texas, Ken Paxton, presentaron ante autoridades federales y estatales denuncias en las que lo acusaban de utilizar el poder de la Fiscalía General para favorecer a un amigo y donante político, el empresario Nate Paul.

Entre los denunciantes estaban el director de la División de Aplicación de la Ley y el subprocurador general para la justicia penal o fiscal general adjunto. Es decir, no eran empleados periféricos, eran parte del círculo cero que trabajaba directamente bajo el mando del Procurador General.

La denuncia incluía abuso de poder, obstrucción, acoso y posibles sobornos relacionados con Nate Paul. Los funcionarios sostuvieron que Paxton había ejercido presión inusual para favorecer los intereses de un donante de campaña.

La ruptura personal y profesional fue seguida inmediatamente por represalias. Cuatro de los altos funcionarios fueron despedidos, otros renunciaron. Unos alegaron que fueron sometidos a interrogatorios, hostigamiento y presión para renunciar después de haber denunciado al jefe.

En 2025, una jueza de distrito falló a favor del pago de aproximadamente 6.6 millones de dólares a los cuatro exfuncionarios despedidos, al demostrarse que la oficina de Paxton había violado la Ley de Protección de Denunciantes al despedir y tomar represalias contra los denunciantes.

Caso Theranos, 2014-2015: Tyler Shultz y Elizabeth Holmes

Theranos era una empresa de tecnología sanitaria y servicios de laboratorio clínico, fundada en 2003 por Elizabeth Holmes.

El negocio consistía en desarrollar y ofrecer análisis de sangre utilizando muestras muy pequeñas, en lugar de las extracciones tradicionales de sangre por vena. La empresa afirmaba que su tecnología podía realizar una gran cantidad de pruebas de laboratorio de forma más rápida, económica y precisa.

El problema fue que esas afirmaciones sobre su tecnología no correspondían con lo que realmente podían hacer. La agencia federal (SEC), encargada de regular los mercados financieros y proteger a los inversionistas, indicó que el analizador de Theranos realizaba menos pruebas de las que aparecían en su menú publicado y que, para muchas pruebas, utilizaban equipos convencionales de terceros.

Tyler Shultz, nieto del exsecretario de Estado George Shultz, quien trabajaba en la empresa, detectó problemas con los resultados, se convirtió en uno de los principales denunciantes del caso y terminó enfrentándose al liderazgo de Holmes y al director de operaciones, Balwani.

Acudió a las autoridades y a la prensa, lo que le trajo distanciamiento con su abuelo y enfrentamiento con la presión legal de la empresa.

Cuando comenzó a detectar problemas con los resultados, intentó primero resolverlos internamente. Se comunicó con Holmes y con otros miembros de la alta dirección.

Entonces entra en acción Ramesh Balwani, expresidente de Theranos, ligado sentimentalmente a Elizabeth Holmes.

La respuesta de Balwani a Shultz fue agresiva: lo llamó arrogante e ignorante y le dijo que, “de no ser por su apellido, ya habría sido despedido”.

Shultz finalmente presentó una denuncia confidencial ante los reguladores y se retiró de la compañía. Posteriormente se convirtió en una fuente fundamental para el periodista cuyas investigaciones ayudaron a destapar el fraude de Theranos.

La presión no terminó cuando Shultz salió de la empresa. Theranos utilizó una batería de abogados y amenazas legales contra él; su familia terminó gastando aproximadamente 400,000 dólares en gastos legales para defenderlo.

Otra denunciante, Erika Cheung, describió a Balwani como un jefe que gritaba constantemente y utilizaba el miedo, mientras que señaló que Holmes calificaba de “no team player” a quienes cuestionaban sus decisiones. Así, tenemos claramente documentado el componente de maltrato, intimidación y cultura de miedo.

Reflexión forense: Desde una perspectiva forense, la traición rara vez ocurre de manera súbita. Antes de que aparezca, suelen existir señales: el deterioro de la confianza, el abuso de autoridad, la humillación, el miedo, el silenciamiento y, finalmente, la ruptura de la lealtad.

El poderoso suele equivocarse cuando confunde obediencia con lealtad. Quien permanece callado no necesariamente está de acuerdo; algunas veces simplemente está observando, acumulando evidencias.

Los casos analizados dejan una advertencia: el mayor riesgo para quien ejerce el poder puede encontrarse precisamente dentro de su propio círculo de confianza. Allí están quienes conocen sus decisiones, sus métodos, sus excesos y aquello que difícilmente conocería un adversario externo.

Por eso, en materia de prevención del fraude, corrupción y abuso de poder, no basta con investigar al enemigo. También hay que observar las señales que produce el propio entorno. Una organización donde nadie contradice al jefe puede parecer disciplinada, pero también puede estar incubando una ruptura.

En términos forenses, la pregunta no es solamente quién traicionó, sino qué ocurrió antes de la traición.

Porque cuando alguien que estuvo demasiado cerca finalmente decide hablar, muchas veces no estamos frente al comienzo de la historia, sino frente al final de una larga acumulación de hechos.

Conviene recordar una regla sencilla: escuche, especialmente a quienes tienen el valor de decirle al poderoso lo que no quiere escuchar, porque no siempre es el enemigo quien derriba al poderoso; algunas veces es la persona que estuvo demasiado cerca y que, después de soportar demasiado, decide hablar.

El autor es auditor forense y fue viceministro de la Presidencia y secretario general de la Contraloría.