La conversación sobre Cobre Panamá ya no debe centrarse en cuándo reabrir la mina, sino trascender a una pregunta más importante: ¿cuál es el propósito fundamental para nosotros, los panameños, de volver a poner en operación uno de los recursos naturales más valiosos que tiene Panamá?

Para mí, ese propósito es claro:

Convertir responsablemente un recurso natural de Panamá en desarrollo económico y social sostenible para beneficio del país y sus futuras generaciones.

Y si ese es el propósito, entonces dejémonos de preguntar “cuándo” reiniciar la operación minera.

La mina debería estar operando y convirtiendo ese recurso en empleo formal, inversión y actividad económica en regiones fuera del eje canalero, además de generar exportaciones, ingresos fiscales que contribuyan a reducir progresivamente el déficit fiscal, encadenamientos y oportunidades para proveedores panameños, aprovechando productivamente un recurso que pertenece a Panamá.

Y debe hacerse bajo controles efectivos del Estado, exigiéndole a la empresa una operación ambientalmente responsable y una estructura económica que asegure que una parte sustancial del valor generado permanezca en Panamá, al mismo tiempo que la empresa obtenga retornos justos sobre su inversión.

No se trata de escoger entre Panamá y el inversionista, porque una operación sostenible necesita que ambos socios ganen. Pero, tratándose de un recurso natural panameño, Panamá tiene que ganar bien.

Con el cobre en máximos históricos, rozando los $7.00 por libra, cada día que la mina permanece sin operar es empleo que no generamos, actividad económica que no ocurre, exportaciones que no hacemos e ingresos que el país deja de recibir.

El propósito está claro. Las razones también.

Lo que corresponde ahora a nuestros gobernantes es ser consecuentes con ese propósito y dar ya el paso con firmeza.

El autor es abogado y ex gerente país de Cobre Panamá.